Glovo, Rappi y PedidosYa: Las multinacionales que a través de servicios tecnológicos intentan cimentar un monopolio

LADO B 21 de junio de 2019 Por Germán Lev
Tienen al grueso de los empleados por fuera del sistema laboral reglamentado, es decir, en negro. No brindan ningún tipo de cobertura; ni médica ni seguro en caso de accidente, y someten a los empleados registrados a un sistema de calificación en el que si no aceptan cierto números de pedidos por día son de inmediato bloqueados de la plataforma. Toman por asalto las naciones donde operan sus plataformas, se instalan en un mercado que tiene décadas vigente y llevan a sus trabajadores a un nuevo techo de precarización laboral. Así son las empresas que a través de las aplicaciones de servicios intentan monopolizar el mercado.
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Ciudad de Córdoba Rappi (naranja), PedidosYa (rojo), Glovo (amarillo)

En todas las grandes ciudades de Argentina, en cualquier momento del día, se pueden ver a jóvenes en zonas urbanas montados en rodados (bici o motocicleta) y cargando en las espaldas una ancha mochila de telgopor. El rojo, el naranja y el amarillo de estas carcazas que se asemejan a un cubo se pueden ver deambulando hasta bien entrada la madrugada. En las aplicaciones de las empresas start-up (como se autodenominan) de servicios de delivery ligadas al negocio digital está la promesa de un trabajo donde el usuario es el propio jefe, gestiona los propios horarios y administra los pedidos a merced de su tiempo libre; todo esto a cambio de ganancias inmediatas. Con la crisis económica que experimenta el país y con la inflación siendo una constante bomba de relojería que estalla mes tras mes la impronta de ser tu propio jefe en apenas un par de días suena francamente bien. Y así lo cree la mayoría de las personas (generalmente menores de cuarenta) que asiste a las múltiples sedes de Rappi, Glovo y PedidosYa que se desparraman por las provincias más convulsas. Por supuesto, la realidad prontamente arremete como una aplanadora y desenmascara el bonito eslogan de sé tu propio jefe.

La mochila cuesta entre trescientos y quinientos pesos dependiendo de cuál sea el rodado que el usuario utilice. Mencionan que se trata de un alquiler, pero lo concreto es que si el recibo de compra se pierde o la caja no se encuentra en buen estado al momento de la entrega, cosa que sucede con frecuencia después de semanas de traslados, la empresa ya no la recibe y se la debe quedar el propio usuario. Como constantemente hay faltantes, las cajas son vendidas con rapidez a otro empleado necesitado del puesto. Hay, además, un período que suele rondar entre los quince días para que el aspirante se inscriba como monotributista; mientras, en lo que dure el plazo de inscripción, se le permitirá ser un repartidor. En caso de que el tiempo haya expirado la empresa bloqueará o dará de baja al empleado y ya no podrá cobrar lo que se ha ganado con el sudor de su frente. Los repartidores deben rodar de un lado a otro por la ciudad puesto que de esta forma las aplicaciones garantizan que las oportunidades de recibir pedidos aumentarán. Si un pedido llega por la aplicación del celular, hay un límite de tiempo de unos treinta segundos para aceptar el encargo. Todo en este empleo se basa en un sencillo pero opresor procedimiento que está por completo enlazado al algoritmo de la aplicación: cuanto más alta sea la tasa de pedidos más alta será la tasa de aceptabilidad del cadete por parte de la aplicación y más pedidos recibirá. En caso contrario el esfuerzo no será recompensado y los pagos estarán por debajo de un sueldo mínimo. En los horarios picos, que van desde las doce del mediodía hasta las ocho de la noche, es cuanto más repartidores se pueden ver recorriendo las calles de la ciudad. En la Ciudad de Córdoba hay más de mil cadetes de aplicaciones al momento de publicarse este artículo.

La Ciudad de Córdoba es una de las primeras ciudades en intentar regular este tipo de modalidad laboral para la cual existe una evidente falta de reglamentación a nivel mundial. El concejal Santiago Gómez de Unión por Córdoba en conjunto con Diego Sánchez, Secretario General del Sindicato de Motociclistas, mensajeros y Cadetes de La Provincia de Córdoba (SI.M.M.CA.P.COR), impulsan una ordenanza para regularizar esta nueva modalidad de negocio. La ordenanza hace foco en el Código de Tránsito de la Ciudad de Córdoba, y prohíbe la circulación de los trabajadores que no lleven chaleco, casco y que vayan con las mochilas en la espalda. De esta manera se busca que quienes emplean esta clase de trabajo no pongan en riesgo permanentemente la vida.

“Nosotros queremos mejores condiciones laborales, ése es nuestro objetivo principal. Porque todos los compañeros que están bajo esta modalidad de trabajo no gozan ni de ART, ni de seguro de vida, ni de seguro contra accidentes, ni de vacaciones, ni de aguinaldo. Tampoco tienen derecho a enfermarse porque si eso pasa como represalia se le da de baja de las aplicaciones”, menciona el sindicalista Diego Sánchez. Por su parte, el concejal Santiago Gómez sentencia como “esclavizante” estas nuevas modalidades de trabajo y precisa algunos puntos claves del proyecto que impulsa: “Como concejales nosotros sólo podemos generar ordenanzas que funcionen en la Ciudad de Córdoba. Al tocar el código de tránsito, lo que hacemos es darle seguridad al trabajador desde dos lugares; por un lado se le da seguridad en cuanto a lo laboral, como es el caso de prohibir que lleven las mochilas en las espaldas; de esta forma se evita que estén haciendo constantemente equilibrio. Después tocamos algo que se llama ventanilla única dentro de la Municipalidad de Córdoba, de tal manera que aquellas personas que quieran tener un servicio de delivery están obligadas a registrarse y cumplir una serie de requisitos. Entre los requisitos que se piden está la de presentar la cantidad de empleados que se tiene. De esta manera se comienza a forzar a estas aplicaciones que están como en aire, las cuales algunas son de Colombia (Rappi), España (Glovo), Uruguay (PedidosYa) y al que el empleado nunca le ve la cara a su patrón. La ordenanza obliga a por lo menos que estas empresas tengan una sede en Córdoba y pongan la cara”.

Muchos cadetes, como es el caso de Daniel Madera que lleva más de veinte años trabajando como delivery, sanciona como competencia desleal lo que las nuevas empresas start-up están haciendo: “Antes ser delivery era rentable. Pero ahora bajó la calidad del trabajo y los tiempos ya no son los mismos. Antes teníamos un tiempo libre para descansar pero ahora estamos obligados a trabajar todo el día porque las aplicaciones nos obligan a competir. Trabajamos más horas por día para que el sueldo alcance y hasta tuvimos que bajar nuestra propia mano de obra. Los costos también bajaron pero nosotros seguimos luchando por nuestros derechos”.

La ordenanza es un primer paso para comenzar a regularizar estas empresas que representan un modelo de negocio que está en expansión, y que con seguridad será el nuevo paradigma laboral en próximos años. En Argentina provincias como Mendoza, Buenos Aires y Córdoba ya comenzaron a dar batalla contra multinacionales como Rappi, PedidosYa o Glovo. Pero todavía no existe una ley a nivel nacional que dé una regularización definitiva. Empresas transnacionales como Uber demuestran que si una nación no interviene para reglamentarlas pueden precarizar un mercado como el del transporte que históricamente fue sólido. Es lo que está ocurriendo ahora con los servicios de delivery. Como consecuencia el martes 27 de Junio a las diez de la mañana se realizará una marcha para reclamar la regulación de la actividad y el cese de la precarización laboral a la que se ven expuestos constantemente los cadetes de delivery en la Ciudad de Córdoba.

Una contramedida necesaria que SIMMCAPCOR hizo fue sacar al mercado su propia plataforma digital de delivery a la que llamó Tuenco. Se trata de una cooperativa que tiene su propia sede en avenida General Paz al 1462 y que mantiene a los repartidores con ART, monotributo social, vacaciones, seguro de vida y aguinaldo entre otros derechos laborales.



Germán Lev

Editor, redactor y narrador.

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