La impostergable transición civilizatoria hacia el transhumanismo

LA POSTAL - BLOG 27 de enero de 2022 Por Exégesis Diario
transhumanismo

La revolución transhumanista

Por Ibn Asad, 2022

Esto no tiene ni pies ni cabeza. Llevas diciéndotelo desde marzo de 2020. Contradicciones. Informaciones absurdas. Informes científicos que nadie ve. Medidas restrictivas que no funcionan y se vuelven a imponer a sabiendas de que no funcionan. Prohibición de autopsias, de investigaciones independientes, de tratamientos que se demuestran eficaces. Autoritarismo. Abuso. Histeria social. Censura. Sacrificamos nuestros empleos, costumbres, libertades fundamentales, a cambio de nada, excepto miseria y estupefacción. División en las familias. Tristeza. Indignidad. Propaganda. Coacción. Palabrejos ridículos impuestos en un vocabulario cotidiano cada vez más pobre y reducido: “primera ola”, “segunda ola”, “distancia social”, “asintomático”, “test de antígenos”, “negacionistas”, “pauta completa”, “ómicron”… Un insulto a la inteligencia del ciudadano tratado como niño tonto, por parte de políticos, médicos, periodistas. Un órdago a la Verdad y a la Vida; y nadie parece entender nada.

Quizá algunos prefieran la cómoda ignorancia a tener que encarar la verdad; no creo que quien lea este texto sea de aquellos.

La verdad resumida es que estamos siendo engañados hasta los límites de nuestra propia vida. ¿Toda la población? Pues sí, casi toda, al igual modo que casi toda la población mundial fue engañada en 1914 con el asesinato del archiduque Francisco Fernando de Austria, o en 1939 lo fue con la invasión de Polonia. De forma casi constante en la Historia, se presenta una dialéctica falaz a la humanidad para que se mate entre ella periódicamente sin rechistar, se inmole obediente y mansa por motivos religiosos, ideológicos, raciales… o, como hoy en día, motivos higiénicos. Digo bien, “motivos higiénicos”, pues si en la anterior contienda mundial fue la higiene racial, en esta ocasión se trata de una higiene de coartada sanitaria. Por eso la medicina no pasa de ser el sofisma de este fraude, así como la eugenesia lo fue de las atrocidades de la Segunda Guerra Mundial. Por eso seguimos sin entender qué está ocurriendo: seguimos pensando en virología, médicos, contagios, vacunas y autoridades sanitarias, cuando se trata de biotecnología, ingenieros, armas electromagnéticas, neurociencia e inteligencia militar. Pues toda revolución tecnológica que sirve de transición civilizatoria pertenece, en su origen y desarrollo, al ámbito militar.

¿Al lector todo esto le suena a ciencia ficción? Pues ciencia ficción también era la bomba atómica en 1942, y en esa misma situación estamos en 2022, con una salvedad: esta revolución supone ser muchísimo más impactante y traumática que la atómica. ¿Y qué revolución es esa? El tránsito tecnológico del silicio al carbono; o en otras palabras, la revolución que transforma a la informática en biocompatible; o en otras palabras, la que permite integrar aplicaciones tecnológicas a la biología humana; o en otras palabras, la fusión entre computador y cerebro, entre internet y sistema nervioso, entre máquina y humano. En otra palabra definitiva, el transhumanismo. ¿Qué es eso? El proceso de aniquilación de la humanidad tal y como la concebimos, en unos pocos años. Unos dicen 2045. Otros, en 2030 tras su agenda homónima. Yo creo que será antes. 

Algunos reclamarán: “¡Pero eso resultan sólo especulaciones abstractas!”, “Eso no pasa de ser una teoría”, “¿Dónde están las evidencias?”. Pues posiblemente tengas la evidencia concreta y práctica dentro de tu organismo. A finales del pasado mes de diciembre, el investigador español Ricardo Delgado observó y fotografió en la muestra de un vial de vacuna covid de Pfizer al microscopio, lo que días después el investigador Mick Andersen identificó como “patrones de autoensamblaje” para la construcción de objetos y dispositivos micro/nano electrónicos en una nano-red intracorporal de comunicaciones, en su blog corona2inspect -actualmente eliminado-. Tanto Delgado como Andersen investigan dentro del contexto de los descubrimientos arrojados por los informes analíticos del Dr. Pablo Campra Madrid, en los que se concluye que en la amplia mayoría de las vacunas covid existen materiales nano y microtecnológicos ajenos a cualquier tipo de vacuna. Las observaciones de Ricardo Delgado y las interpretaciones de Mick Andersen a la luz de la literatura científica en la materia, hacen pensar en la mal llamada vacuna covid como vía de introducción de la infraestructura biotecnológica necesaria para un nuevo paradigma de sometimiento de la humanidad, tanto en su cualidad (neurocontrol) como en su cantidad (control demográfico). Lo que se ve al microscopio no es biología molecular sino ingeniería de telecomunicaciones, no son proteínas de virus sino un proceso de autoensamblaje microinformático basado en crecimiento epitaxial, no es una vacuna sino un arma de tecnología casi secreta. Casi tan secreta como lo fue el Proyecto Manhattan en 1942, hasta que en 1945 se inauguró la bomba atómica que sellara aquel orden mundial, hoy caduco. 

muestra de un vial de vacuna covid de Pfizer al microscopio

¿Sigues diciendo que esto no tiene pies ni cabeza? Cabezas tiene, como la Hidra. Y cuanto más intentemos desentrañar este galimatías pretendiendo cortar alguna cabeza de este policéfalo, menos entenderemos qué está ocurriendo. Quemar el cuello de la Hidra de Lerna, en este caso, supone asumir que nada de esto tiene que ver con un virus ni con su presunta vacuna, tampoco con sus variantes o la eficacia inmunológica. Para decapitar al monstruo con la espada del conocimiento es necesario reconocer primero haber sido engañado hasta un extremo al que el orgullo de un docto en lo que sea, va a impedir alcanzar. Cuantos más títulos universitarios, más doloroso va a ser abrir los ojos; cuanto más creamos saber, más vamos a hacer el ridículo. Es necesario una humildad y una fortaleza hercúlea para admitir que somos gilipollas hasta el punto al que se ha llegado.

No se trata de medicina sino de bioinformática; no se trata de inmunología sino de hardware intracorporal. No es una pandemia; es la revolución transhumanista implementada a traición, a tus espaldas, sin tu consentimiento.

¿Jode aceptarlo? Pues en breve comprobarás hasta qué punto; digerir esta información hará sacudirte y revolcarte sobre tus propias heces. Algunos reaccionarán con violencia si tienen alguna dosis nanotecnológica dentro del cuerpo. Otros lo harán burlándose; otros, con cinismo, insistirán en la negación; otros lo justificarán con su propia supervivencia; otros se mantendrán callados… Cada uno hará lo que pueda para soportar esto que está ocurriendo… pero es insoportable.

Hace catorce años, en 2008, en el capítulo XIV de La Danza Final de Kali, en Gestación del nuevo hombre: la tecnología transhumanista, escribo lo siguiente:  

"La fusión cerebro-hardware supondrá el éxito de la cibernética desde una doble perspectiva: hombres con componentes informáticos en su estructura biológica, y computadoras con “consciencia” y “personalidad” al modo humano que define la psicología moderna. Así, la neurociencia, la biotecnología, la biónica darían pie -en efecto- a una nueva forma de vida, que plantearía problemas inéditos hasta ese momento. (…) Esta desfachatez permite que estas cuestiones no trasciendan públicamente, y de hacerse públicas, es por medio de una abyecta divulgación científica apoyada en un massmedia propagandístico que se vanagloria de los “adelantos de la ciencia” y de las “maravillas tecnológicas”. Mientras el hombre moderno se queda con la boca abierta leyendo revistas de divulgación científica, viendo documentales de TV por cable, comentando videos científicos en Youtube, nadie se atreve a decirle lo que están haciendo con él sin su consentimiento. Nosotros tenemos valor para decírselo: están haciendo una cosa nueva que finaliza la función del ser humano. ¿Cuál es la materia prima para fabricar esa cosa? Tú".

 Fuente: ladanzafinaldekali

Exégesis Diario

Redacción de Exégesis Diario
Invitame un café en cafecito.app

Te puede interesar