Los cuatro pilares del sistema

LA MADRIGUERA 19 de noviembre de 2019 Por Cagliostro
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El Sistema es como el ojo del Gran Hermano, que a todos nos vigila procurando que nadie se salga de él, utilizando todos los medios a su alcance para evitar que algo o alguien se interpongan en la consecución de sus objetivos: “El Orden Mundial”.

Por orden de aparición en los acontecimientos de la historia, estos pilares son: el Judaísmo, el Cristianismo, el Islam y la Masonería. Para que el Sistema funcione, tiene que existir una forma bipolar de alternancia para que todo quede encapsulado en una especie de círculo y que fuera de él nada pueda salir. Quienes pretenden luchar contra el Sistema, en realidad se encuentran en una de las polaridades mencionadas, lo que permite que el Sistema permanezca estable. Es una falacia hablar de Conspiración Judeo Masónica Comunista, dado que también existe como contraparte necesaria la Conspiración Judeo Masónica Capitalista. Por lo tanto, cambiar un Sistema por el otro no conduce nada más que al centro mismo del Sistema; como si de algún modo todo lo que hiciéramos por salir del círculo nos empujase hacia el interior para comenzar de nuevo desde cero.

Todo comenzó cuando un masón del más alto grado, cuyo nombre, afiliación y rostro no recuerdo, perteneciente a una de las órdenes que configura la OTO, me instó a que investigase sobre la historia de los Illuminati. Así lo hice, y me sumergí en lo más profundo de internet buscando un hilo conductor que me llevase a los orígenes de, al menos, su inspiración. Este Trabajo, que se encuentra completo en el blog Atrio Illuminati, me llevó hasta Mesopotamia y la antigua Sumeria. Leyendo el trabajo existente sobre las tablillas sumerias comprendí que muchas de las historias contadas allí ya las conocía yo por mi lectura de la Biblia. Es cierto que en Sumeria se habla de un panteón de varios dioses y que la Biblia, supuestamente, trata de forma monoteísta de un solo Dios; pero por lo demás allí estaba el origen de todo, incluso del famoso diluvio.
Para valorar con justicia a aquellos antepasados nuestros hay que decir que poseían un extraordinario conocimiento de nuestro sistema solar, conociendo, al menos, siete de los cuerpos que lo conforman, incluido el maléfico y oscuro Saturno. En la actualidad conocemos el Lunes como el día de la Luna, el Martes como el día de Marte, Miércoles como el día de Mercurio, Jueves como el día de Júpiter, Viernes como el día de Venus, Sábado como el día de Saturno y el Domingo como el día del Sol. El pueblo Judío guarda el sábado como día sagrado y eso hace que podamos saber que su Dios regente es Saturno, Yahveh o Jehovah, el Titán devorador de sus hijos los Dioses y al que su hijo Júpiter deportara al Tártaro. El pueblo gentil de los Cristianos guarda el Domingo como día sagrado y eso hace que podamos saber que su Dios regente es Apolo, Eolo o Christos. Pero el enigma estaba en saber ¿Cuándo se había producido ese cambio del politeísmo hacia el monoteísmo o, al contrario, de un tipo de monoteísmo solar hacia un sincrético monoteísmo saturnal o semita y que ha llegado hasta nosotros en la forma del judaísmo?

La primera religión monoteísta que se conoce fue creada en el antiguo Egipto por el Faraón Amenophis IV (Akhenatón). El Faraón conocía el poder de los sacerdotes del panteón egipcio y, más por una cuestión política, decidió unir todas esas deidades en una sola, el Disco Solar al que cambió el nombre de Amón Ra, a Aton. Su aventura monoteísta, dentro de Egipto, duró muy poco y a su muerte se restauró el politeísmo y los sumos sacerdotes recobraron su gran poder; pero, ¿qué sucedió con Atón, sus sacerdotes y los muchos seguidores que debió acaparar? Con mucha probabilidad, esos seguidores tuvieron que huir, ser deportados o ambas cosas a la vez y, ¿dónde podían ir? Fuera del cauce del Nilo sólo hay una cosa, el desierto. Con mucha probabilidad, estuvieron deambulando durante muchos años y encontrándose con pueblos habitados de origen semita y con sus religiones politeístas de origen sumerio. Con mucha probabilidad, en la mayoría de las ocasiones, esos encuentros no fueron amistosos y originarían conflictos bélicos muy sangrientos; pero también asimilaciones. En ese transcurrir hacia la tierra prometida, conocida hoy como Palestina, ese pueblo forzado nómada había realizado un intercambio cultural entre su monoteísmo nuevo y simplista con el politeísmo viejo y complejo de la antigua Sumeria. Por lo tanto, el Dios Solar Atón transfiguró en el Dios Saturnal Jehovah y gran parte de las historias, leyendas y mitos de la vieja religión politeísta fue incorporada a la tradición escrita de la nueva religión cambiando o eliminando aquellos aspectos que fueran considerados no pertinentes. Por lo tanto, el benefactor Dios solar sería sustituido por el belicoso y mal humorado Dios saturnal. Desde luego, en el trasfondo de todo esto, cualquier persona laica y poco dada a la religión podrá entrever cuestiones políticas encaminadas al dominio y manipulación de las masas. De algún modo, los gobernantes comprobaron que era mucho más sencillo controlar a la gente ofreciéndole un solo Dios con unos mandamientos o leyes coherentes y sin contradicción; diversas ordenanzas si se darían de permitirse diferentes divinidades. Israel, el Pueblo elegido por Jehová, Yahveh, Saturno o Satanás tiene una promesa pendiente y es el control y gobierno sobre todos los pueblos de la tierra. Es muy importante tener esto en consideración para lo que iremos a tratar más adelante.

En el considerado como siglo I DC, Israel no era más que una pequeña provincia en el extrarradio del poderoso y amplio Imperio Romano. En ese contexto surgió un Rabino conocido como Jesús el nazareno que empezó a predicar el cumplimiento de la profecía anteriormente enunciada. Unos dicen que Jesús era un revolucionario que poseía cierta relación con los celotes. Recuerden que el propio Judas Iscariote era un Celote. Para la Historia ha quedado que fueron los judíos, al menos los sacerdotes del Sanedrín, quienes condenaron a Jesús a muerte; pero esto es imposible pues sólo Roma y su gobernador, Poncio Pilatos, podía dictar una sentencia. Es evidente que fue Roma quien condenó a Jesús a morir en la cruz pues entre sus enseñanzas estaba la profecía del Rey de reyes que vendría para gobernar Israel y el mundo entero; lo cual era, a todas luces, un delito de sedición contra el emperador romano. En este punto hay que decir que el cristianismo no nace entre el nacimiento y la muerte de Jesús, sino mucho tiempo después. Entre la muerte de Jesús, el Rabino judío de Nazaret, y el nacimiento del Cristianismo como lo conocemos hoy en día transcurrirían entre dos y tres siglos. Es evidente que en los genes de Israel se encuentra la profecía de dominaréis el mundo y sojuzgaréis a los gentiles; los pueblos que no son el Judío. Roma debía de considerarlos algo así como unas molestas moscas cojoneras y decidió expulsar a los judíos, con lo que se esparcirían por los cuatro puntos cardinales de la tierra. Al menos, no los exterminó, cosa que se pretendería muchos siglos después por parte de los nazis.

En aquella época existían diferentes tendencias de los seguidores del Rabino Jesús. En el propio Israel, los seguidores de Jesús eran propiamente Judíos sin más; pero en las provincias helénicas y otras del extrarradio se crearon sectas de categoría gnóstica influenciadas por el helenismo platónico y del maniqueísmo persa; con lo cual, queremos decir que no existía un solo tipo de cristianismo o seguidores de Jesús de Nazaret. Los gobernantes romanos que de tontos no tenían un pelo, entendieron perfectamente el poder que proporcionaría al emperador el ofrecer al pueblo, a sus ciudadanos, un Dios único con unas leyes inamovibles y perfectamente fundamentadas en una mitología sencilla y sin contradicciones. De la mano de Saulo de Tarso, un supuesto converso que no llegó a conocer al Nazareno, otros judíos romanizados y no judíos conversos, se redactaría la mayor parte de lo que en los siglos posteriores se denominaría como cristianismo y más concretamente, la Religión de Roma, antes de que se dividiese en la Iglesia Oriental o Bizantina “Ortodoxa” y la Occidental o Romana “Catolicismo Apostólico Romano”. Para diferenciarse del Saturnismo Judaico de Jehová, determinaron la restauración del monoteísmo original Solar en la propia figura de Jesús de Nazaret, que fue mitificada y convertida en el Christos, el que está sentado a la derecha del Dios Padre. Este Christos no es otro que Apolo, el nuevo Yahveh, modificación del nombre Jehová, no sería otro que Júpiter y el Espíritu Santo representaría a la perfección al Dios Mercurio, el de las sandalias aladas y llameante por encontrarse tan cerca del disco Solar. Estas tres divinidades conformarían, con nombres cristianizados, una suerte de triunvirato, la famosa Trinidad Cristiana, de la que se cuenta que son tres personas distintas; pero un solo Dios único. Dado que debían crearse una fuerza opositora a la bondad del nuevo Dios, recrearon a los demonios o ángeles caídos, a Satanás como recuerdo de lo que había quedado atrás y al que denominaron con un nombre que aparece en el antiguo testamento, y que en realidad se refería al Rey de Tiro: Lucifer o el Lucero de la mañana. Evidentemente, la contraparte del anterior panteón romano, ofrecía un Dios que cumplía con los requisitos necesarios, Prometeo, el Titán que robara el fuego del cielo para que la humanidad no muriese de frío. Con el paso de los siglos y, muy a pesar de que la nueva religión predicaba el amor fraterno, el saturnismo implícito de la nueva religión, que no sólo había copiado los atuendos de su antecesora, se fue transformando en una dictadura sangrienta con todos aquellos que no eran consecuentes con ella y a los que denominarían herejes; es decir, herejes eran tanto los verdaderos judíos seguidores de Jesús como todas aquellas sectas gnósticas que habrían surgido de forma paralela. Los herejes o debían ser convertidos o exterminados, así de claro.

Dado que el catolicismo creado en Roma llevaba consigo inmensas contradicciones y doctrinas poco razonables y difíciles de creer, como, por ejemplo, la posterior virginidad de María, la madre de Jesús así como su divinidad previa, la intersección de los santos y otras más, con el transcurrir del tiempo se fueron sumando a las secretas y perseguidas herejías aquellos que, con el nacimiento de la imprenta, pudieron comprobar por ellos mismos las contradicciones entre ciertas tradiciones de su propia iglesia con lo expuesto en la Biblia constituida por el Antiguo y el Nuevo Testamento. Ese fue el origen de lo que a posteriori vendría a conformar la Reforma Protestante. Durante los muchos siglos que gobernó la Iglesia Católica se habían creado los conventos y los monasterios donde se recluían las mujeres como monjas y los hombres como monjes para trabajo y mayor gloria de la Iglesia. También eran una gran fuente de ingresos para la Iglesia, dado que quien se recluía en uno de esos lugares debía aportar una importante dote que sirviese, entre otras cosas, para el mantenimiento del monje o de la monja en cuestión; el resto, que solía ser bastante dado que muchas órdenes eran de pobreza y mendicantes, iba a engrosar las arcas de la Iglesia en Roma. Mientras en Inglaterra se crearía lo que podría denominarse el germen del Sionismo actual, dado que el pueblo Judío aportaría una fortísima suma de dinero a la Monarquía para rescatar al Rey Ricardo Corazón de León que había caído prisionero del Islam en el transcurso de una de las famosas cruzadas. A partir de ahí, siempre ha existido una deuda de agradecimiento del mundo anglo sajón a Pueblo Elegido por Jehová. 

En la Reforma Protestante, al separarse una gran parte de los cristianos de la iglesia de Roma, se llevaron consigo la doctrina principal de la Trinidad, en la que el propio Jesús era parte de la divinidad en la forma de Jesucristo, así como otra mucha doctrina fundamental, aunque abandonaron otras creencias basadas en la tradición; pero que no se podían argumentar con los textos sagrados, como la posterior virginidad de María después del nacimiento de Jesús, la intersección de los santos o de la propia Virgen María, la transustanciación de la sagrada cena “el canibalismo ritual del cuerpo y la sangre de Jesús” o el bautismo de los infantes entre otros muchos. En el Mundo Protestante, donde habían desaparecido los monasterios y conventos, fueron sustituidos por agrupaciones de cristianos en donde se practicaba la ayuda mutua y la caridad. Dentro de ese contexto surge en Alemania un movimiento denominado como Rosacruz; pero que jamás, al menos en la época, tuvo una existencia real sino más bien tan sólo filosófica e intelectual; es decir, que no tuvo mayor consistencia que la aparición de unos pequeños opúsculos denominados como los manifiestos rosacruces. Esa Idea, originaria de Alemania, cruzó el Canal de la Mancha y exportada a Inglaterra, donde muchos años después tomaría forma en la Masonería. La Masonería, como entidad nacida en el Mundo protestante, aunque promulgaba un cierto ecumenismo entre las grandes religiones monoteístas, no dejaba de haber nacido en el seno de una de las partes en conflicto y así como los propios manifiestos rosacruces veían al Papa de Roma como al Anticristo, la masonería sentía la necesidad de cambiar el mundo intentando que la educación no estuviese en manos de la Iglesia y convertir a aquella, en algo laico y ajeno a cualquier tipo de religión; pero eso sólo era el principio y como La Iglesia Católica no es tonta vio en el nuevo movimiento, que se extendería como la pólvora, un gran peligro para la supervivencia y sobre todo preponderancia del Catolicismo sobre la diversidad de iglesias protestantes.

En realidad, los grupos masónicos, aunque solían estar gobernados por nobles, la mayoría de las personas que entraban a formar parte de ella pertenecían a la burguesía. Las reuniones masónicas pronto se convirtieron en núcleos conspirativos donde se gestarían gran parte de las revoluciones que apartaron a la nobleza del poder para ser sustituida por la propia clase burguesa. A nadie debe de extrañar que en el seno de la masonería siempre ha tenido el judaísmo una importancia relevante, sobre todo en los más altos cargos, y sólo hay que conocer algunos de los ritos de sus grados. Ritos y grados que no vamos a revelar pues, con sinceridad, los hemos olvidado. Cuando en el mismo siglo XVIII, siglo del nacimiento de la masonería, se produce la escisión que separaría a la masonería británica de la peninsular, especialmente de la Francesa, se produce algo de vital importancia y es que en la nueva masonería del Gran Oriente de Francia dejan de elevarse los trabajos a la Gloria del Gran Arquitecto del Universo. Este es el principio para que gentes con convicciones no religiosas puedan entrar a formar parte de la masonería. A nadie debe de escandalizar que mucha culpa de aquello fue debido a la influencia conspirativa, por infiltración, del movimiento Illuminati creado el 1 de mayo de 1776 y que fuera financiado por el banquero Mayer Amschel Bauer, fundador de la Dinastía Rothchild. Sea como fuere, nadie puede demostrar que el sionismo no está bien implantado tanto en una como en otra masonería. De algún modo la política ha realizado un remedo de esto con el conocido bipartidismo. Ahora estoy yo en el poder y cuando me agote te pones tú, y así consecutivamente.

El Mundo se mueve de un extremo al otro; pero está todo perfectamente planificado desde el origen de los tiempos. Hoy puede tener influencia el ateísmo laico y comunista y mañana hacerlo la religiosidad monoteísta capitalista o fascista. Es igual, lo que no se puede pretender es que algo que pertenece al Sistema pueda cambiar el Sistema. La Masonería podrá cambiar ciertas cosas en favor del progresismo, el feminismo, la supuesta libertad, la utópica igualdad y la lejana fraternidad; pero lo que está claro es que llegado el momento ella tendrá que hacerse al lado para que sus verdaderos progenitores, el sionismo anglosajón, tomen el poder para imponer el Nuevo Orden Mundial y donde cada hijo de vecino será sojuzgado por el Pueblo elegido de Saturno, de Satán.

 

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