"La cultura debe matar la naturaleza: este es el núcleo conceptual del pensamiento gnóstico, progresista, utópico, prometeico, transhumanista y masónico"

REPORTAJE 05 de octubre de 2021 Por Exégesis Diario
Lucien Cerise...Transhumanismo
Entrevista. Lucien Cerise.

Por Gregor Ovitch (3 de julio 2021)

Entrevista a Lucien Cerise

Mientras el planeta está bajo hipnosis, impidiendo que sus habitantes reaccionen ante la estafa evidente del covidismo, le hemos preguntado a Lucien Cerise, especialista en ingeniería social, si podría integrar en nuestros análisis una dimensión oculta y cómo.

—Hola, Lucien Cerise, a un año y medio después del primer Covid, ¿cómo ves el próximo “Covid”?

—Tendría que decir “¿Cómo se ve el futuro?" De hecho, como nos dijo Klaus Schwab, no se espera que salgamos de la llamada crisis sanitaria, que en realidad es puramente política. Desde el punto de vista de la salud, el covid-19 no es un problema, pero sirve de pretexto para llevar al mundo entero a una “nueva normalidad”; al menos, esto es lo que quiere el biopoder transhumanista. Su proyecto es la sociedad “sin contacto”, es decir, sin contacto humano, un programa apoyado, entre otros, por el gobierno surcoreano, en el que la interacción social directa desaparecerá y será enmarcada, mediatizada y, si es posible, sustituida por la tecnociencia, los ordenadores y las pantallas.

"La frontera entre la enfermedad y la salud está desapareciendo: todos estamos potencialmente enfermos, como decía el doctor Knock, y por tanto todos debemos aceptar ser tratados como enfermos. Esta “nueva realidad” de la enfermedad permanente y ubicua debería permitir poner la salud en manos del biopoder cibernético".

Para conseguirlo por etapas, el gobierno está amontonando medidas de control social sin que ninguna de ellas anule a las demás y esperando que sean irreversibles. El encierro y el toque de queda deben ser perpetuos, el uso de máscaras debe ser permanente, el distanciamiento físico también, tendremos que revacunarnos cada seis meses para actualizar nuestro “pase sanitario”, una nueva versión del pasaporte interno de los regímenes totalitarios, etc. Últimamente he viajado en tren y en avión: hay anuncios escritos y vocales que nos hablan de bioseguridad, de uso obligatorio de mascarilla y de distanciamiento social incluso para los que ya están vacunados o han dado negativo en las pruebas de coronavirus.

Así que para evitar enfermarnos, ahora todos tenemos que vivir como enfermos. Todo el mundo -incluidos los sanos- debe ajustar su comportamiento al de los enfermos y adoptar un estilo de vida calcado sobre el de éstos, aceptando someterse a medidas cotidianas normalmente destinadas sólo a los enfermos.

La frontera entre la enfermedad y la salud está desapareciendo: todos estamos potencialmente enfermos, como decía el doctor Knock, y por tanto todos debemos aceptar ser tratados como enfermos. Esta “nueva realidad” de la enfermedad permanente y ubicua debería permitir poner la salud en manos del biopoder cibernético. ¿Cómo? Implantando en la mente de la gente un paralelismo entre los riesgos que corren nuestros ordenadores y nuestros cuerpos.

La cibernética no distingue entre lo vivo y la máquina. Así, el biopoder plantea varias ecuaciones: hombre = ordenador; virus biológico = virus informático; antivirus biológico = antivirus informático. Bill Gates es el hombre que encarna esta fusión de ordenadores y salud pública. ¿De dónde viene el interés del fundador de Microsoft por los virus biológicos y las vacunas, especialmente a través de su fundación GAVI – Alianza Mundial para las Vacunas y la Inmunización? Esto merece algunas  preguntas. Él y otros transhumanistas pretenden convertirnos en neuróticos hipocondríacos integrados voluntariamente en un sistema que fusiona el cuerpo humano y las máquinas, transponiendo a la biología lo que existe en los ordenadores: el miedo permanente a los virus -un fenómeno puramente psicológico porque, en realidad, hay muy pocos virus peligrosos- y la obligación de vivir con un antivirus fabricado, un cortafuegos en lenguaje informático, equivalente a la mascarilla y la vacuna. Sin embargo, el antivirus biológico natural ya existe -se llama sistema inmunitario-, pero el proyecto consiste en sustituir la inmunidad natural, que es gratuita y universal, por una inmunidad artificial, que se facturará y dependerá de un fabricante de antivirus.

Como dijo alguien en Twitter:

“Privatización del sistema inmunitario humano en marcha: donde antes tu cuerpo hacía el trabajo por sí mismo para cada infección, la respuesta inmunitaria duraba toda la vida, ahora necesitarás repetidas inyecciones para cada variante de cada virus”. 

—Alan Moore, autor de los cómics V de Vendetta y Watchmen -por cierto, un mago- dijo que los anunciantes son los nuevos chamanes…


—Este tipo es un genio. Comprendió las constantes universales del ocultismo, que muestran su candente actualidad, más allá de las variables culturales y folclóricas, que pueden producir una sensación de lejanía o exotismo. El ocultismo es una relación proactiva e intervencionista en la percepción de la realidad con vistas a modificarla. No se toca directamente la realidad material, se toca su percepción, y sobre todo la narración acerca de su percepción, inscrita en un relato. Por tanto, podemos transformar indirectamente la realidad actuando sobre la mente de las personas que la perciben. Y actuar sobre la mente significa actuar sobre la narración que cuenta la realidad, el principio de la narración. No hay mente fuera de una narrativa, un lenguaje, un código. La mente humana es lingüística, está estructurada por una gramática y una sintaxis -los fenómenos psíquicos no se producen por casualidad- y nuestra mente la constituyen físicamente los signos lingüísticos, que son las “unidades discretas”, los ladrillos elementales, los átomos de la mente.

Para actuar sobre la mente de otro como ocultista, hay que actuar por tanto sobre la narrativa que estructura la mente, convertirse en un maestro lingüista, en un maestro del lenguaje -más sencillamente, en un buen escritor, en un buen guionista-, lo que explica el papel de las “fórmulas mágicas”, lo que ahora llamamos eslóganes, y que están omnipresentes en los medios de comunicación y en el espacio publicitario.

“Originalmente, todos los aspectos de nuestra cultura, ya sean las artes o las ciencias, pertenecían a los chamanes. El hecho de que en nuestra época este poder mágico haya degenerado en mero entretenimiento y manipulación es, en mi opinión, una tragedia. Actualmente, los que utilizan el chamanismo y la magia para influir en nuestra cultura son los anunciantes. En lugar de intentar despertar la conciencia de las personas, su chamanismo se utiliza como un opiáceo para tranquilizarlas y hacerlas más maleables. Con su caja mágica, la televisión, y sus palabras mágicas, sus eslóganes, consiguen que todo el país piense en las mismas palabras y en las mismas cosas banales exactamente al mismo tiempo”.

Alan Moore.

Un buen eslogan transforma la percepción de la realidad y desencadena un comportamiento, o al menos influye en tu comportamiento al reformular tu descripción de la realidad, o tu narrativa de la realidad, y por tanto tu percepción de la realidad. Hay dos formas de influir en el comportamiento de los demás: directamente mediante la presión física, o indirectamente mediante la magia, lo que ahora llamamos psicología, es decir, atravesando el sistema de representación y percepción de los demás, lo que tienen en la cabeza, la forma en que relacionan el mundo con ellos, y cómo se relacionan consigo mismos. La relación entre el lenguaje y la mente es aún más estrecha que el filtro a través del cual se percibe la realidad desde una mente que posee su integridad. De hecho, la mente es intrínsecamente un lenguaje y una estructura lingüística, dependiente de una narrativa. Se entra en la mente, es decir, en la interioridad, desde fuera del lenguaje y los significantes, escuchados fonéticamente o leídos en un soporte. Si eliminamos el lenguaje, ya no hay mente en el sentido humano. Hay experiencia fuera del lenguaje, es decir, experiencia fuera del significado, pero no hay mente en el sentido humano. Intenta pensar algo fuera del lenguaje y comprenderás rápidamente cómo tu mente es -y cómo eres tú- totalmente dependiente del lenguaje, y en particular de tu lengua materna. No existe un lenguaje privado, o interno. El solipsismo es una ficción teórica.

En El mito de la interioridad, Jacques Bouveresse recurre a Wittgenstein y a sus juegos de lenguaje público para demostrar que somos seres intrínsecamente comunicantes, atravesados por un código aprendido y recibido del exterior. Incluso las personas que creen en una interioridad pre-lenguaje (pre-predictiva) están obligadas a pasar por el lenguaje, y por tanto por el exterior, para pensar y hablar de él. La estructura de la mente es la estructura del signo lingüístico. La mente tiene así una parte externa, constituida por el significante, y una parte interna, constituida por el significado. Las dos partes están en un continuo, pasamos de una a otra sin darnos cuenta la mayoría de las veces. El ocultismo no es más que la exploración de esta franja de Möbius -por utilizar una figura de la topología lacaniana- que define la continuidad semántica entre la exterioridad ambiental y la interioridad mental, y de la que hay que tomar el control si se quiere influir en el comportamiento de los demás.

Esto es Programación Neurolingüística antes de tiempo, todo el mundo lo hace sin saberlo y de forma intuitiva cuando intentamos influir en los demás, es decir, cuando intentamos penetrar discretamente en la interioridad de los demás para ponerlos a nuestro favor, conscientemente o no. La psicología del condicionamiento, especialmente el condicionamiento sigiloso, furtivo, es decir, piratería mental, otro nombre para la ingeniería social, es decir, el paso sigiloso del exterior al interior del "espíritu", es la forma científica del ocultismo, como un esfuerzo para influir en los demás.

—Entonces, más allá de las PsyOp, ¿es posible considerar el “covidismo” como un ritual sobredimensionado a través de una amplificación mediática sin precedentes?

—Técnicamente, el covidismo -la creencia en la narrativa mediático-política del covid-19- es, en efecto, un egregor, un factor de convergencia y uniformidad de comportamiento, que debe sincronizar a un máximo de individuos para que actúen como uno solo. Los medios de comunicación de masas llevan a cabo una sesión continua de hipnosis colectiva, 24 horas al día, 7 días a la semana, que puede describirse, siguiendo a Chakhotin, como una “violación de las masas”, pero una violación consentida, una penetración sigilosa en la interioridad de los demás, para teleguiar a los demás, para actuar sobre ellos desde su exterioridad sin que sean plenamente conscientes de ello. Todo ello evoca el concepto de Inception, como en la película de Christopher Nolan, que consiste en penetrar en el inconsciente de otra persona para depositar una idea, una palabra clave, un significante desencadenante que se activará en un momento dado, no siempre inmediatamente, como una bomba de relojería. Este es el papel del símbolo del arco iris y de todos los signos de reunión, hashtags, grafitis, eslóganes, y la práctica de ingeniería social del phishing, basada en el doble significado, la ambivalencia semántica, que hace pasar un significado bajo la cubierta de otro significado, con un significado oculto en otro significado, se trata del principio de la esteganografía.

"El ocultismo y sus versiones científicas, como la ingeniería social, consisten, pues, en hacer conscientemente y de forma racional, metódica y planificada lo que ya hacemos espontáneamente".

De hecho, todos estamos bañados en un entorno semántico compartido y todos practicamos de forma natural esta influencia subliminal sobre los demás, para programarlos, desprogramarlos o desprogramarnos y reprogramarnos cuando nos sentimos incómodos con una influencia psicosocial que consideramos perjudicial. El ocultismo y sus versiones científicas, como la ingeniería social, consisten, pues, en hacer conscientemente y de forma racional, metódica y planificada lo que ya hacemos espontáneamente, como el Monsieur Jourdain de Molière, al darse cuenta de que llevaba años hablando en prosa. El método de los Nudges, que consiste en envolver a los demás con incentivos suaves o indirectos, está empezando a ser bien conocido por el público en general. Llevado a su conclusión lógica, este esfuerzo por influir en los demás culmina en la “zombificación”, es decir, en la abolición de la conciencia reflexiva para reducir a los demás a la condición de esclavos mentales, marionetas que obedecen a golpe de ratón.

Volviendo al coronavirus, el resultado concreto de esta operación de Control Mental masivo es esta bola de zombis que vemos desplegarse a nuestro alrededor diariamente. Todas estas personas que llevan máscaras en la calle o que se inoculan con productos genéticos experimentales están bajo el efecto de un hechizo, una verdadera operación psicológica de ingeniería social, es decir, un hackeo mental o un ritual ocultista de masas, en el sentido de Alan Moore.

Si el vínculo entre la ingeniería y la magia se resume en el sigilo, ¿es la Cábala, adepta a los pequeños cálculos y los grandes secretos, su quintaesencia?

Los magos, ilusionistas, prestidigitadores y otros mentalistas explotan los puntos ciegos de la percepción y la atención del público, esas zonas de pantalla tras las que uno puede esconderse y que son generadas por los sesgos psicológicos y cognitivos del funcionamiento normal del cerebro.

"La ingeniería social, al igual que la Cábala, consiste en nombrar las cosas para que existan, borrando el gesto de la denominación creativa, el gesto de la función performativa del lenguaje, para dar la ilusión de que lo novedoso ocurre por sí mismo".

Lo mismo ocurre con la ingeniería social en su vertiente de hacking informático, que no es otra cosa que hacking psicológico y cognitivo porque no ataca a la máquina sino a su usuario en dos ejes, la usurpación de identidad y el abuso de confianza, jugando con la sensibilidad de los demás según la trilogía salvador/escudo/víctima de Karpman. En todos los casos, es necesaria una dosis de sigilo para actuar. Lo real, es decir, el gesto real de la ingeniería mágica, es decir, la modificación intencionada del vínculo social, debe volverse invisible y ser sustituido por una ilusión de transformación espontánea.

Por ejemplo: si los medios de comunicación no hablaran del covid-19, la gente ni siquiera sabría que existe. La realidad sería diferente: los síntomas del covid-19 se interpretarían como una gripe común o una neumonía, y nadie aceptaría las llamadas medidas sanitarias totalitarias. Nombrar, el acto de nombrar una cosa, la hace existir, ya sea subrayándola y extrayéndola del ruido de fondo, o haciéndola salir de la nada, creación ex nihilo. En la polémica entre Realismo y Nominalismo, el lenguaje ha elegido: es nominalista. La magia cabalística explota los recursos nominalistas del lenguaje pero necesita hacer creer en el realismo para producir una ilusión de objetividad incuestionable, ocultando el gesto subjetivo de la construcción lingüística de la realidad. Me divertí  anglicando este constructivismo, e inventé el concepto de construcción de la realidad. La ingeniería social, al igual que la Cábala, consiste en nombrar las cosas para que existan, borrando el gesto de la denominación creativa, el gesto de la función performativa del lenguaje, para dar la ilusión de que lo novedoso ocurre por sí mismo. El poder político en general consiste en aplicar todos los recursos de este nominalismo furtivo, para dar a entender que las cosas nombradas por el poder no dependen de su voluntad sino que existen objetivamente, lo que permite establecer el dominio simbólico de la narrativa del poder en la mente de las personas.

—En esta perspectiva, el panóptico de Jeremy Bentham no es más que la aplicación del En To Pan (todo es uno) querido por la Gnosis…

—Debemos a Michel Foucault el haber mostrado la actualidad del concepto de panóptico de Bentham, ese modelo de prisión en el que los presos no saben si son vigilados o no por los guardias, lo que les lleva a interiorizar la vigilancia como un riesgo permanente y a autodisciplinar su comportamiento. Este es el punto de partida para una reflexión sobre el ejercicio del poder en el ámbito sutil. Los cuerpos ya no necesitan ser disciplinados por otros cuerpos o por la materia. La dominación de los cuerpos es psicológica e interiorizada, es decir, es una autosumisión de los cuerpos por parte de la mente, en forma de palabra venida de fuera y asimilada, con la que uno se identifica. La noosfera, la “esfera del pensamiento humano” como la describió Teilhard de Chardin, una noción cercana al gran Otro de Lacan o al inconsciente colectivo de Jung, ejerce una fuerza de coacción sobre los individuos y moldea la realidad. Vemos los resultados de esto con aquellas personas que siguen usando máscaras incluso cuando ya no es obligatorio. La mente, es decir, la información difundida por el poder, vigila y disciplina a los cuerpos sin necesidad de un policía o un carcelero.

"En el ser humano, la información es más fuerte que la materia prima, más fuerte que el instinto de conservación, y puede moldear el comportamiento hasta el suicidio colectivo. Es lo que la psicología llama pulsiones de muerte, que son un efecto del lenguaje humano, ausente en los animales".

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El utilitarista inglés Bentham aplica preceptos masónicos y dantescos (inversiones abajo-arriba y adentrro-afuera) desplazando los habituales cuatro miradores exteriores de la prisión para vigilarla desde el panóptico. Este mismo autor empeló por primera vez en 1780 en su An Introduction to the principles of morals, lel neologismo “internacional” para evocar el derecho de las naciones, dando a entender el fin de las mismas.

En el ser humano, la información es más fuerte que la materia prima, más fuerte que el instinto de conservación, y puede moldear el comportamiento hasta el suicidio colectivo. Es lo que la psicología llama pulsiones de muerte, que son un efecto del lenguaje humano, ausente en los animales. Intente que los animales lleven voluntariamente máscaras que les impidan respirar. Su instinto vital se rebelará rápidamente, a menos que estén en proceso de hominización, sensibilizados al lenguaje humano y a sus efectos desrealizadores, es decir, adiestrados como los perros bajo la influencia de la palabra de un amo. Todo el dominio del significado, la semántica y la información del lenguaje es en sí mismo materia, pero organizada de forma negentrópica para reducir la incertidumbre. Su carácter mórbido y entrópico surge cuando intenta enmarcar totalmente la realidad y su carácter siempre imprevisible.

La utopía de acabar con la incertidumbre es, además, el principio rector del biopoder, otro concepto tomado de la obra de Foucault y reelaborado por Giorgio Agamben. La cúspide del poder es el control científico de todos los aspectos de la vida y la artificialización del mundo natural en la medida de lo posible. La investigación sobre las interfaces cerebro/máquina o cuerpo/máquina, es decir, el acoplamiento directo del cerebro o el cuerpo a un dispositivo informático cerrado o abierto, como Internet, es ya antigua. Un ejemplo bien conocido es el desarrollo de implantes electrónicos subcutáneos, chips RFID o similares, y la investigación sobre cómo hacer que sean aceptados por la población de forma relajada. Recordamos las “Fiestas del Implante” que tuvieron lugar en varios países, entre ellos Francia.

—Según los gnósticos, el diablo no tiene límites. ¿Toda la especulación es de naturaleza diabólica? Esto evoca la dialéctica del mapa y el territorio, y el intento por parte del símbolo, o del pensamiento, de modelar la realidad. “Histeria”, “paranoia”, “esquizofrenia” son nombres aprendidos para síntomas identificados en la demonología. ¿Sólo cambian los significantes?

—Para el ocultismo, el pensamiento no debe contentarse con modelar la realidad, el mapa no debe limitarse a representar el territorio: el pensamiento debe ser lo real, el mapa debe sustituir completamente al territorio. Para describir este momento en el que la imagen de la realidad suplanta a la realidad, Jean Baudrillard habló de hiperrealidad. Para ello, es necesario relegar lo real al basurero de la historia, para que lo real deje de ser el punto de referencia del pensamiento, para que deje de ser un límite al libre juego del pensamiento especulativo. Hay que ser capaz de reconocer sin pestañear y sin disonancia cognitiva que 2 + 2 = 5, o que una mujer que dice ser hombre es un hombre.

"La pérdida de contacto con un referente real y la preferencia dada a los signos, es decir, a las ideas, es sintomática de la entrada en la locura, que es una especie de embriaguez del lenguaje, una embriaguez de las ideas, una embriaguez semántica, porque el pensamiento ya no quiere tener en cuenta los límites de la significación, límites materiales, objetivos, que sobornan la deriva interpretativa. Para el paranoico, todo tiene sentido, todo es interpretable, no hay límites a su interpretación de la realidad y a su sistema de ideas".

Para el ocultista, el pensamiento, la representación de la realidad, debe ser libre en relación con la realidad: libre para deformarla, pero sobre todo libre para no estar ya indexado a la realidad fuera de sí mismo, y por tanto libre para ser autorreferencial. En economía, la especulación infinita, sin límite, aparece cuando el valor de uso desaparece en favor del valor de cambio, cuando el dinero se reduce a un signo. La pérdida de contacto con un referente real y la preferencia dada a los signos, es decir, a las ideas, es sintomática de la entrada en la locura, que es una especie de embriaguez del lenguaje, una embriaguez de las ideas, una embriaguez semántica, porque el pensamiento ya no quiere tener en cuenta los límites de la significación, límites materiales, objetivos, que sobornan la deriva interpretativa. Para el paranoico, todo tiene sentido, todo es interpretable, no hay límites a su interpretación de la realidad y a su sistema de ideas. La transgresión de todos los límites, la desmesura, la arrogancia, la negación de la realidad y los delirios de omnipotencia caracterizan muchas patologías mentales y de comportamiento que en su día se describieron como estados de posesión demoníaca. Los significantes han cambiado, lo que también ha repercutido en la formulación de los síntomas y su significado.

Hoy en día, una histérica no dirá que está poseída por el diablo, sino que quiere divertirse y pasar un buen rato, o que está liderando una lucha feminista contra el patriarcado.

—Según el modelo de la armonía jacobina igualadora, todo se pondera, incluso se higieniza, y después de haber intentado cuadricular a Francia, como un tablero de juego de damas, ahora hace florecer cubos a través de un mundo digno del ordenador de la Odisea del Espacio. ¿Programación genocida a la vista?

—El espíritu jacobino de la Revolución Francesa es el espíritu del progresismo masónico, es decir, el espíritu cientificista, matemático, geométrico. Por supuesto, este enfoque totalmente cuantitativo del mundo, que reduce todo a números, está bastante extendido más allá del pensamiento masónico y puede encontrarse en diversas épocas y lugares. Las culturas judía y árabe-musulmana asignan un valor numérico a las letras de sus alfabetos, lo que dio lugar a la numerología mística, o gematría, que también se desarrolló en la antigua Grecia en la época de Pitágoras, continuó con Platón y la famosa frase grabada a la entrada de su escuela: “Nadie entra aquí si no es geómetra”. Frase que floreció en la tecnociencia occidental. Una expresión política de ello se encuentra en el proyecto de retícula administrativa de Francia en departamentos dibujados en cuadrados, encerrando la vida en formas de ángulo recto, programa elaborado bajo el Antiguo Régimen y que fue retomado por los primeros revolucionarios en 1790 antes de ser abandonado bajo la presión de la realidad. El cubo es la proyección tridimensional del cuadrado, es decir, del ángulo recto, que no existe en la naturaleza. Encontrar una forma rectangular en la naturaleza significa que una inteligencia humana debe haber intervenido para hacerla.

"Sustituir significa matar. La cultura debe matar a la naturaleza, la mente debe matar al cuerpo, este es el núcleo conceptual del pensamiento gnóstico, progresista, utópico, prometeico, transhumanista y masónico".

Cubo artificial suplantando rostro natural
"El cubo es la proyección tridimensional del cuadrado, es decir, el ángulo recto, que no existe en la naturaleza. Encontrar una forma en ángulo recto en la naturaleza significa que una inteligencia necesariamente la ha atravesado para crearla".

Este es el sentido del monolito negro, como cubo alargado, en la famosa película de Stanley Kubrick que mencionas. Es totalmente negro y sin sentido, lo que significa que puede recibir todos los significados porque no lleva ninguno por sí mismo. ¿Por qué? Porque, como diría Marshall McLuan: “El medio es el mensaje”. Porque lo que cuenta es la forma material en ángulo recto, que es significativa, en el sentido de que contrasta con todo lo que la naturaleza puede producir de forma natural, y que por tanto se señala necesariamente como un producto cultural, un artefacto, y por tanto la huella de una inteligencia. El monolito negro de 2001 simboliza la aparición del intelecto y la cultura sobrenaturales puros: aparece en los primates cuando inventan la primera herramienta, la primera prótesis; aparece en la Luna como símbolo del paso de una inteligencia extraterrestre, que el equipo de astronautas humanos descubre con asombro; reaparece al final, como espejo de la inteligencia artificial Hal, el ordenador asesino de humanos, para sugerir al espectador cuál es el sentido de la historia, que se puede resumir en unas pocas palabras: “La cultura debe sustituir a la naturaleza”. Sustituir significa matar. La cultura debe matar a la naturaleza, la mente debe matar al cuerpo, este es el núcleo conceptual del pensamiento gnóstico, progresista, utópico, prometeico, transhumanista y masónico. Lo que era imposible naturalmente será posible culturalmente, a través de la tecnociencia, y hará que la naturaleza quede obsoleta. El espíritu vencerá a la materia. El alma vencerá al cuerpo. La utopía superará la realidad.

—Puesto que la masonería construye la ciudad como un tablero de logia para aclimatar a la población, ¿acaso salir de esta ideología no implica destruir sus hitos urbanos que dan ritmo a la vida y por tanto al pensamiento?

—El principio progresista “La cultura debe matar a la naturaleza” trasladado al ámbito estético significa que el ángulo recto debe sustituir, o matar, a la forma natural, más bien redondeada. La arquitectura contemporánea está extendiendo este nuevo orden visual masónico por todo el mundo con la aparición del llamado “estilo internacional” en el siglo XX, es decir, el uso generalizado de torres rectangulares frías y sin alma. Estas formas geométricas puras e impersonales contrastan con toda la arquitectura tradicional y ancestral, que imita a la naturaleza y es a menudo antropomórfica, diseñada a imagen del cuerpo humano, o en círculos concéntricos, bóvedas, arcos, a veces decorados con estatuas, lo que hace que nos reconozcamos en ellos. En cambio, la arquitectura moderna, al igual que la pintura abstracta, no se parece a nada de la naturaleza y no está hecha para los humanos.

"El espíritu masónico es el odio a la naturaleza y el proyecto de reeducarla, de transformarla, de matarla poniéndola bajo la tutela de la cultura. Aplicado a la naturaleza humana, es el programa transhumanista, el Gran Reinicio".

El edificio de la nueva Biblioteca nacional de Francia, en París radicaliza el antinaturalismo con su vegetación totalmente enmarcada, literalmente rodeada y cercada por una construcción mineral uniformizada por el ángulo recto, y en la que los árboles del jardín interior deben ser sostenidos por cables metálicos para evitar su caída. El mensaje es contundente: la naturaleza ya no debe ser autosuficiente, independiente, autónoma, debe ser reescrita, rediseñada, recompuesta, reestructurada, puesta bajo la dependencia de la cultura. El espíritu masónico es el odio a la naturaleza y el proyecto de reeducarla, de transformarla, de matarla poniéndola bajo la tutela de la cultura. Aplicado a la naturaleza humana, es el programa transhumanista, el Gran Reinicio.

Para conseguir la aceptación de este proyecto global, se utilizarán términos con connotaciones positivas y se hablará de civilizar la naturaleza, igual que se habla de aumentar a los humanos con nuevas capacidades y nuevas prótesis. Pero no debemos engañarnos: con el pretexto de civilizar, aumentar o reparar el mundo natural, el objetivo es en realidad destruirlo, como quiere la Cábala con la noción de Tikun Olam -reparar el mundo-. Para destruir la naturaleza y sustituirla totalmente por la cultura, hay que empezar por esterilizar la naturaleza. La sustitución de frutas y hortalizas fértiles, con semillas y huesos, por frutas y hortalizas estériles, sin semillas ni huesos, es el objetivo del desarrollo de los Organismos Genéticamente Modificados (OGM), también introducidos en terapias genéticas inoculadas con el pretexto del covid-19, y que esterilizarán a la especie humana. Las semillas vegetales y animales deben ser objeto de un mercado, pero sobre todo de un control. Trasladada a los seres humanos, la procreación debe ser totalmente asistida -médica y científicamente- mediante vientres artificiales u otros dispositivos de laboratorio. Si se lleva esta lógica hasta sus últimas consecuencias, el mundo real se reduce a un páramo estéril y se reproduce por completo en un simulacro virtual bajo control total, como en la película Matrix.

—Para conseguirlo, ¿no deberíamos apuntar a estos hitos, porque aunque haya otros más, no hay posibilidad de escapar de su asedio, como atestigua la dominación bisecular de la masonería?

—En la metapolítica hay que aspirar a la calidad, pero en la política concreta sobre el terreno hay que aspirar a la cantidad, es decir, a la media, y no temer una forma de nivelación a la baja, porque así funcionan las sociedades humanas. Se dice que la democracia comenzó en la antigua Grecia, pero en realidad es consustancial a todas las formas de organización humana, ya que es el reino de la media y del consenso. Incluso los dictadores se preocupan por lo que piensan las masas, al menos para darles forma e intentar cortar de raíz cualquier disidencia que surja. Cualquier tribu prehistórica o remota en las profundidades de la selva amazónica tiene que construir un consenso entre sus miembros, con negociaciones, compromisos, compensaciones y estrategias de persuasión, que tiran de la inteligencia colectiva hacia un promedio. Esto es lo que molesta al poder globalista actual, que ha decidido sustituir a las personas por máquinas para no tener que trabajar en la construcción de este consenso todo el tiempo. La fabricación de consentimiento y opinión pública tiene un coste, y las autoridades están hartas de ello. Hoy en día casi todo se puede automatizar, y especulan en base a estas nuevas posibilidades.

Entonces, para escapar de la esterilización, la despoblación y el genocidio, hay que entender que el problema no se puede reducir a la Cábala o a la masonería. La deconstrucción completa de todos sus símbolos arquitectónicos purgaría ciertamente el entorno visual, pero no pondría fin a la dialéctica de la naturaleza y la cultura, que es universal.

"Hoy, por mi parte, creo que deberíamos dejar de culpar de todo a ciertas minorías activas y preguntarnos si, al final, la mayoría silenciosa no tiene más responsabilidad en lo que está pasando. Este discurso, que consiste en exonerar de la situación a las personas de bien, o a los individuos que proceden de ellas en las “fuerzas del orden”, para acusar sólo a los oligarcas, es contraproducente. Yo diría que el policía de a pie, que proviene de la clase media como yo, pero que aún así me multa por no llevar una máscara en la calle, tiene más responsabilidad en la situación que Jacques Attali, Bill Gates o Klaus Schwab".

obelisco Falo de Osiris-Baal
El obelisco hacia el que coinciden todos los aparatos republicanos.

Personalmente, incluso considero que éste es el sentido problemático de la historia. ¿Cómo podemos administrar el progreso técnico para que no se convierta en una amenaza para la vida?

La primera respuesta es antiprogresista, o sea de índole ludita: rechazando el progreso técnico. La segunda respuesta es masónica: la cultura matará inevitablemente a la naturaleza, así que mejor impulsarla. El pensador francés Guillaume Faye ha propuesto una solución intermedia con el arqueofuturismo, pero este concepto plantea un problema de coherencia interna. Ninguna de estas tres respuestas es satisfactoria. En la medida en que esta problemática es universal, también está presente en la Cábala y la Masonería, obviamente. Pero si se cuenta el número de personas que están de acuerdo en matar la naturaleza -en matar su naturaleza- en nombre del progreso cultural, hay que admitir que supera con creces las cifras de la cábala y la masonería. Estas fuerzas ocultas y ocultistas tienen muchos relevos complacientes entre la gente. Su dominación biosecular se lleva a cabo con verdadera complicidad popular, basta con salir a la calle y contar las máscaras para darse cuenta de ello. Hoy, por mi parte, creo que deberíamos dejar de culpar de todo a ciertas minorías activas y preguntarnos si, al final, la mayoría silenciosa no tiene más responsabilidad en lo que está pasando. Este discurso, que consiste en exonerar de la situación a las personas de bien, o a los individuos que proceden de ellas en las “fuerzas del orden”, para acusar sólo a los oligarcas, es contraproducente. Yo diría que el policía de a pie, que proviene de la clase media como yo, pero que aún así me multa por no llevar una máscara en la calle, tiene más responsabilidad en la situación que Jacques Attali, Bill Gates o Klaus Schwab. Estas tres figuras del Gran Reinicio creen tener interés en destruirlo todo, y hacen su trabajo con mucha aplicación y conciencia profesional, pero ¿dónde está el interés del policía de base, que al final será él mismo sacrificado y sustituido por un dron de vigilancia? ¿Cuál es el interés de los policías que vendrán a buscarnos a casa para llevarnos al centro de vacunación obligatoria? Este desfase entre el interés bien entendido del individuo y su comportamiento hace que éste sea aún más inexcusable cuando el individuo no se beneficia de él.

—Gracias por sus respuestas, tomé nota de la publicación de su último libro Le suprémacisme blanc (Poderes visible y oculto), donde analiza el supremacismo blanco y sus orígenes -también ocultos- y el Gran reinicio…


¿De qué se trata realmente? El supremacismo racial en general es la doctrina que afirma la existencia de una jerarquía entre las razas y la superioridad de unas razas sobre otras. Su expresión mejor documentada es el supremacismo blanco, que ha tenido cuatro intentos históricos de encontrar forma institucional en regímenes políticos: la Confederación del Sur, extendida en el Ku Klux Klan; el apartheid en Sudáfrica; el Tercer Reich; y la Ucrania postsoviética. Cuatro intentos, pero también cuatro fracasos.

Antes de emitir un juicio sobre el supremacismo blanco como tal, este estudio pretende sobre todo responder a la pregunta: “¿Por qué estos fracasos? ¿Son causas internas o externas? ¿Son endógenos o exógenos? ¿Los repetidos fallos se deben a un defecto de diseño o a enemigos demasiado poderosos? Tal vez ambas cosas, ya que el supremacismo blanco puede ser, de hecho, su propio y mejor enemigo.

Es cierto que los “blancos” están amenazados de extinción a medio plazo por la globalización del comercio y la tecnología, pero no son los únicos. Los nacionalismos indígenas de todos los ámbitos pueden y deben unir sus fuerzas para reclamar sus derechos y luchar juntos contra sus enemigos comunes, basándose legalmente en la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas.

Los nacionalistas blancos, liberados por fin de la tentación del supremacismo, y sus homólogos -nacionalistas árabes, nacionalistas africanos, etc.- tienen trabajo que hacer, porque la tarea no es fácil. – La tarea que tenemos por delante es inmensa. Determinará si la especie humana sobrevivirá o no a la biopolítica globalista y al Gran Reinicio, es decir, a la Gran Sustitución por la Inteligencia Artificial, la robotización y las quimeras genéticas humano-animales.

Fuente: Noach

Exégesis Diario

Redacción de Exégesis Diario

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