Manipulación del Animal Lingüístico

ENSAYO 03 de octubre de 2021 Por Exégesis Diario
Cerebro manipulado

"Sólo existe un verdadero conocimiento: el que nos ayuda a ser libres. Cualquier otro tipo de conocimiento es mero entretenimiento".

Vishnu Purana. Sabiduría hindú.

El lenguaje, un arma con muchos filos

Por Juan José Cabedo Torres (2010)

El hombre es un animal lingüístico que se construye a sí mismo y se relaciona con el entorno a través de la palabra. Los seres humanos creamos la realidad nombrándola y construimos nuestra identidad sobre la base de la memoria. Marcel Proust, que escribió siete tomos para encontrar su identidad decía que “la realidad sólo se forma en la memoria”.

El lenguaje es un regalo que le permite al hombre recuperar el pasado a través de la memoria y proyectarse hacia el futuro mediante la imaginación. El lenguaje hace posible que conversemos con los ojos con los muertos que se han tomado el trabajo de escribir, como hacía Quevedo, y hace presentes realidades lejanas. Basta seguir con el dedo las líneas de un mapa para trasladarnos mentalmente a ese lugar. El lenguaje construye el pensamiento y estructura la imaginación para percibir en el presente el eco del primer día de la Creación.

El asombro que produce el lenguaje y el misterio que encierra se ha intentado explicar por su origen divino. Platón cuenta cómo Prometeo robó el lenguaje a los dioses:

"Ante la imposibilidad de encontrar un medio de salvación para el hombre, Prometeo roba a Hefesto y Atenea la sabiduría de las artes junto con el fuego (...) y se la ofrece, así, como regalo, al hombre. Con ella recibió el hombre la sabiduría para conservar su vida".

El hombre, una vez que participó de una porción divina, fue el único de los animales que, a causa de este parentesco divino, primeramente reconoció a los dioses y comenzó a erigir altares e imágenes de dioses. Luego adquirió rápidamente el arte de articular sonidos vocales y nombres, e inventó viviendas, vestidos, calzados, abrigos, alimentos de la tierra.

Las palabras, como las manos, acarician, comunican, construyen, crean, pero también agreden y manipulan. Todo depende del uso que se haga de ellas. Quedan todavía personas generosas que trabajan pacientemente y en silencio para compartir con la humanidad sus hallazgos simplemente por la satisfacción que produce devolverle a la vida lo que la vida les ha dado. Estas personas tienen un concepto muy claro de su responsabilidad como intelectuales.

Otras personas, sin embargo, creen que el lenguaje es una herramienta para conseguir un beneficio personal, sea en forma de poder o de dinero. O de poder y dinero. Es evidente que el fabricante de un producto no pretende que la publicidad informe objetivamente de las características de la lavadora o de los ingredientes del yogur. Quien codifica un anuncio utiliza una serie de artificios que mueven los resortes emocionales de los consumidores.

Tampoco parece haber mucho amor a la verdad entre la clase política, con las honorables excepciones de rigor. La clase política, independientemente del partido a que se adscriba, suele pertenecer a una maquinaria de ganar elecciones. Si para las agencias de publicidad somos consumidores, para los políticos somos votantes. La prensa, descrita con acierto como el cuarto poder, tampoco parece especialmente interesada en buscar la verdad. Lo que busca más bien es la alianza con la opción política que defiende sus intereses económicos e ideológicos.

Se le atribuye a Joseph Stalin la siguiente frase:

"De todos los monopolios de que disfruta el Estado, ninguno será tan crucial como su monopolio sobre la definición de las palabras. El arma esencial para el control político será el diccionario".

En este trabajo la palabra ideología se utiliza con el sentido de todo aquello que crea pensamientos falsos y que genera necesidades artificiales con la finalidad de engañar y manipular al interlocutor. Todo aquello que, en definitiva, desagarra la conciencia y la aleja de sí misma. El lenguaje, tal y como lo utilizan las ideologías, no es una herramienta para desvelar la verdad sino para ocultarla.

El lenguaje es el instrumento fundamental para crear ideologías, pero la ideología precisa una base de incultura para poder crecer y unos poderosos medios de comunicación social para difundirse. Según Goebbels, una mentira repetida mil veces se convierte en verdad, pero es evidente que no sólo en las dictaduras los medios de comunicación de masas son instrumentos de poder sufragados por grupos sociales interesados en difundir una determinada ideología. Según Anatole France, una necedad repetida por mil bocas no deja de ser una necedad, pero una mentira repetida mil veces en un medio de comunicación se eleva a la condición de creencia en el sentido que le daba Ortega, algo intocable, que no se puede discutir.

Ortega diagnosticó la rebelión de las masas, y las masas son las que conforman la opinión pública, una fuerza envolvente y sin rostro cuya fuerza proviene de su carácter difuminado y ambiguo. El manipulador despliega sus habilidades para controlar esta fuerza, la fuerza de la opinión pública.

En los textos humanísticos y en los ensayísticos se encuentran ideas. El autor se dirige desde su inteligencia a la nuestra e intenta convencernos mediante diversos tipos de argumentos. En los textos publicitarios y en los periodísticos no encontramos ideas, sino ideología en la medida en que son textos cuya finalidad es crear una necesidad artificial para vender un producto, o pergeñar un mundo de promesas para ganar unas elecciones.

Para manipular personas hay que reducirlas previamente a la condición de objetos, objetos votantes en el caso de los políticos, objetos consumidores en el caso de la publicidad. La política debería ser el arte de configurar la vida social del modo más favorable posible al desarrollo de los seres humanos, pero la realidad es que es el arte de engañar y seducir. Si la publicidad vende la idea de que la felicidad radica en la posesión de bienes y en la capacidad de consumo, el valor de un político se mide por su capacidad para garantizar el bienestar económico. Ya no hay pensamiento político. La economía manda y borra las diferencias entre los partidos.

La prensa debería satisfacer la necesidad de información, pero para la prensa la sociedad es una mera fuente de noticias. La prensa, condicionada por los intereses políticos y económicos de la empresa editora decide qué es noticia y qué no lo es, y se centra en lo llamativo, lo excepcional de signo negativo, lo novedoso, no en lo profundo. Los ciudadanos apenas tenemos acceso a los medios para corregir o desmentir una información. Se supone que la prensa nos defiende del poder, pero, ¿quién nos defiende de la prensa? Buena parte de la población no tiene más contacto con la realidad que el que establecen a través de los medios.

En los textos publicitarios lo que se connota es el producto, no el lenguaje. Se utilizan para ello una serie de valores que se presentan como inherentes a la naturaleza humana, pero en realidad son valores artificiales. Existen unas necesidades reales, jerarquizadas por Maslow en su pirámide, y unas necesidades artificiales creadas para vender más. Los valores que más venden son el placer, la distinción, el prestigio, la libertad, el sexo. Al connotar de esta manera el producto el publicista intenta transportar al consumidor a un mundo imaginario donde una experiencia cotidianas (ducharse, comer un yogur, conducir al trabajo) puede llegar a ser mágica.

Los publicistas, en contra de toda lógica, venden la idea de que fumar cigarrillos es un signo de libertad masculina, cuando en realidad es una adicción y toda adicción es una condena. La realidad, sin embargo, es bastante más irónica: el vaquero de los anuncios de Malboro murió de cáncer de pulmón.

Los publicistas venden la idea de que una bebida alcohólica es el acompañante ideal de toda conversación social y tranquilizan su conciencia indicando en letra pequeña Bebe con moderación. Es tu responsabilidad. La realidad es que el alcohol rebaja la tensión social y hace vivir en la fantasía lo que está fuera del alcance de muchas personas en la realidad. Son las vacaciones más baratas que se conocen y junto con el tabaco una sustanciosa fuente de ingresos para el Estado a través de los impuestos. Es significativo que la única huelga de la que se tiene noticia en la URSS fue motivada por la subida del precio del vodka.

En la película Primera Plana, Billy Wilder satiriza a periodistas y políticos. Un hombre ha sido condenado a la horca por la muerte accidental de un policía de color. Para los periodistas no es más que un tema para vender periódicos; para el alcalde es la posibilidad de atraer el voto de los negros. Cuando llega el indulto, el alcalde intenta ocultarlo. Al condenado sólo le importa como ser humano una prostituta, una especie de María Magdalena laica. Periodistas y políticos reducen al pobre diablo a la condición de objeto, condición previa para ser manipulado. El guion tiene diálogos memorables. Cuando le presentan un juego de titulares, el director del periódico comenta:

"Todos son una birria. Lo malo es que no se le puede sacar mucho partido a la horca. Si por lo menos tuviéramos silla eléctrica en este Estado, con eso sí que habría material para un buen titular:

“WILLIAMS, EN ALTA TENSIÓN”.

“WILLIAMS SE FRÍE”.

“WILLIAMS, ASADO VIVO”.

Para reducir a un ser humano a la condición de objeto hay muchos métodos. En las dictaduras se utiliza la violencia física, la censura, la incultura, que es una forma de violencia moral, y la mentira deliberada o encubierta. En las democracias que siguen el modelo surgido de la Revolución Francesa, la manipulación se ejerce mediante la incultura y la mentira disfrazada de ropajes más o menos seductores.

El lenguaje es una herramienta preciosa en este proceso de manipulación pues, junto con la imagen y la música, es capaz de llegar a las capas más profundas de la estructura personal y mover los afectos. El manipulador presta especial atención a los trucos lingüísticos y estudia concienzudamente el funcionamiento tan peculiar del cerebro humano. El manipulador cumple uno de lo sueños perversos del ser humano: ejercer un poder absoluto sobre otro ser humano.

Los trucos del manipulador

Como en el caso de cualquiera que persigue un fin de dudosa licitud, el ideal del manipulador es influir en la víctima sin que ésta se percate. Del Diablo se han escrito bastantes páginas, pero pocas verdaderamente acertadas. En el poema El jugador generoso, de Charles Baudelaire, el protagonista se juega el alma con Lucifer y la pierde. Satán, en un momento de intimidad, confiesa que “solamente una vez sintió peligrar su poder", y fue el día en que escuchó a un predicador, más sutil que sus colegas, exclamar desde el púlpito:

«¡Queridos hermanos, no olvidéis nunca, cuando oigáis ponderar los logros del progreso humano, que el más astuto ardid del diablo consiste en persuadirnos de que no existe!».

Para controlar las mentes ajenas, una de las mejores herramientas es el lenguaje. Quien busca tal control sabe perfectamente el valor que tiene la forma, por encima del contenido. Esto explica la atención que los publicistas, en general, y algunos periodistas prestan a la función poética y a los aspectos formales. La forma significa o engaña, según el uso que hagamos de ella. Hay que saber colocar las palabras en el lugar adecuado, pues el valor de las palabras viene dado no tanto por su significado como por la posición que ocupan en el discurso y por su relación con el resto de las palabras. Pensar, escribir, manipular son actividades intelectuales que consisten básicamente en colocar las palabras en el orden correcto.

Dos novicios adictos a la nicotina acuden al abad en busca del permiso para poder atender su dependencia en todo momento. Uno le pregunta al páter:

—Padre, ¿se puede rezar mientras se fuma?

Y el otro, cuando llega su turno dice:

—Padre, ¿se puede fumar mientras se reza?

Es fácil imaginar el sentido de las dos respuestas. A la salida se encuentran los novicios:

—A mí me ha dicho que sí.

—Pues a mí me ha dicho que no, y encima se ha enfadado.

—Pero tú, ¿qué le has preguntado?

El manipulador sabe que la mente humana conecta palabras que no están relacionadas sintácticamente en el discurso y que establece vínculos entre personas que no tienen nada que ver en la realidad simplemente porque aparecen en el mismo espacio. También sabe que la mente establece relaciones de causalidad entre dos hechos que se presentan como sucesivos en el tiempo, aunque sea evidente que no tiene nada que ver.

¿En qué ha contribuido un político a que un deportista alcance un triunfo? En nada. Sin embargo, la aparición de un político en la misma foto que un futbolista es muy beneficiosa para el político. Esto se puede hacer de forma descarada y de una manera subrepticia. En vísperas de unas elecciones del siglo pasado se superpuso la imagen de Felipe González, que por aquel entonces era el presidente del gobierno, con la de Butragueño marcándole cuatro goles a Dinamarca en el Mundial de Fútbol.

El redactor de un titular sabe que si la palabra cárcel y el nombre de una persona aparecen en la misma frase, éstas se asociarán en la mente del lector, aunque el adverbio no niegue la relación:

  • NO HAY PENA DE CÁRCEL PARA EL ALCALDE DE T.

La primera frase de un discurso (y de una novela) es crucial, pues influye en la forma de percibir lo que sigue. De hecho conforme vamos leyendo lo leído se proyecta sobre lo no leído creando una serie de expectativas que luego la lectura confirma o niega. En la película “Primera Plana” el director del periódico (Walter Mattau) conversa con el redactor (Jack Lemmon):

"—¡Un momento! ¿Qué has escrito?

—”Mientras centenares de hombres armados y pagados por el sheriff recorrían Chicago disparando y sembrando el terror, Er Williams estaba escondido a menos de cincuenta metros del despacho del sheriff...

—¡Un momento! ¿No mencionas el periódico?

—Eso está en el segundo párrafo.

—¿Y quién diablos va a leer el segundo párrafo? Llevo quince años enseñándote cómo se escribe un artículo. ¿He de hacerlo yo todo...?".

No es lo mismo decir de alguien que es tozudo e inteligente que definirlo como inteligente y tozudo. Las connotaciones positivas o negativas del primer adjetivo tiñen el resto del discurso.

El uso irónico o sarcástico de las comillas pueden volver ridículas expresiones serias y desacreditar a las personas. Así se redacta un titular en El País del 24 de junio de 2009 (donde, por cierto, además de las comillas, se utiliza otra de las herramientas favoritas del manipulador: la difusión de un rumor):

  • LA SOMBRA DE LA COCAÍNA PLANEA SOBRE BERLUSCONI EN UNAS LLAMADAS SE HABLA DE UNA “FIESTA BLANCA” Y SE CITA EL ALIAS DE UN `CAMELLO ́.

Las distintas maneras de referirse a una misma realidad revelan una postura ideológica sobre la misma. No es lo mismo decir:

  • Los soldados del ejército X se matan entre sí, que; Cuatro soldados muertos por fuego amigo.

No es lo mismo escribir:

  • Un proyectil mata a treinta civiles en una escuela, que; Los daños colaterales alcanzan una escuela.

Al decir de algunos psicólogos, el cerebro humano siente predilección por explicaciones globales que justifiquen el mayor número posible de hechos. Se le evita así a ese órgano el esfuerzo de pensar y el trabajo de matizar.

  • La culpa de la crisis económica es del gobierno.
  • La responsabilidad de los atentados del 11M es del gobierno.
  • Los hijos se portan mal porque los padres no saben educarlos.

El manipulador también conoce el poder que tiene la palabra NO, palabra que, al parecer, desconoce la mente. No es lo mismo decirle a alguien que está con la lengua fuera en el kilómetro cuarenta de la maratón:

—¡Ánimo!

que

—¡No te retires ahora!

Parece lo mismo pero no es lo mismo.

Se le atribuye a Nixon una frase sobre J.F. Kennedy, su adversario en las elecciones:

"No emplearé como argumento en su contra el hecho de que el senador
Kennedy sea católico".

Un pájaro de cuidado el tal Nixon.

El manipulador sabe que la mejor forma de inculcar una idea en las mentes ajenas es repetirla hasta la saciedad. Lo repetido aburre, hace bajar la guardia y diluye el sentido crítico. Por otro lado lo repetido se memoriza fácilmente y se vuelve familiar, y lo familiar, aunque sea perverso, siempre proporciona la sensación de seguridad. La verdad es que los seres humanos nos acostumbramos a cualquier situación, por terrible que parezca, y extraemos la sensación de seguridad de la rutina, por muy delirante que sea. Se habla de reclusos que, después de una larga condena, prefieren seguir en la cárcel, que para ellos al fin y al cabo es un universo conocido. Prefieren la dulce esclavitud a la dura libertad.

Sea como fuere, la repetición es un recurso muy utilizado por políticos y publicistas. Cuando uno escucha un discurso repetido mil veces conviene acordarse de Goebbels:

  • Váyase, señor González.
  • España va bien.
  • Ya se ven brotes verdes.
  • Hay armas de destrucción masiva en Irak y las encontraremos.
  • ETA está detrás del 11M.
  • El gobierno no tiene nada que ver con los GAL.

La mente humana asocia al mensajero con la noticia. El atentado terrorista es culpa del portavoz del gobierno y el hombre del tiempo tiene la responsabilidad de que llueva o haga sol el fin de semana en que he decidido salir al campo. Por eso los portavoces y los políticos utilizan ese lenguaje tan elusivo, edulcorado y eufemístico, por eso su tenaz resistencia a llamar a las cosas por su nombre.

Los juicios absolutos sobre alguien simplifican la cuestión, que es de lo que se trata. Cuando se califica a alguien de inútil se intenta proyectar esta característica sobre toda la persona. Si es un inútil es un inútil para todo. Esto nunca es real. No hay nadie que sea un inútil absoluto ni nadie que sirva para todo. Las personas tenemos menos capacidad para determinadas tareas pero somos extremadamente hábiles en otras. Pero esto al manipulador no le interesa, fundamentalmente porque no le interesa la realidad.

(Entre paréntesis: parece ser que la mente humana sólo deja entrar las ideas que corroboran mi visión del mundo. Casi nadie cambia de opinión, aunque le muestres la verdad con claridad meridiana. Si yo creo que los esquimales son pelirrojos, olvidaré que el 99,9% tienen el pelo negro y me agarraré a la excepción para justificar mi idea).

El nexo causal es una de las armas más poderosa de persuasión. Establecer las causas de algo, aunque sean ficticias, reduce el nivel de incertidumbre y, de nuevo, proporciona seguridad a esta especie, la humana, que parece siempre muerta de miedo. La mente relaciona causalmente hechos entre los que hay una simple prelación cronológica:

  • El nuevo gobierno toma posesión.
  • Baja la bolsa.

Parece ser que alguien hizo el siguiente experimento para demostrar el poder del nexo causal: en una cola de la fotocopiadora alguien pide permiso para saltarse el turno. La pregunta:

—¿Me deja pasar? Es que tengo que hacer una fotocopia.

Resultó más eficaz que:

—Por favor, ¿me deja pasar?

El manipulador también conoce el extraordinario valor de los números, especialmente los que forman una estadística. Casi nadie habla bien de las estadísticas pero todos las utilizan como arma arrojadiza. Al parecer pensar como la mayoría tranquiliza a una buena parte de la población. Sin embargo, como digo, predominan los juicios negativos sobre ellas. Se le atribuye a Mark Twain y a Disraeli, indistintamente, la siguiente frase:

"Existen tres clases de mentiras: las mentiras, las mentiras cochinas y las estadísticas".

Joseph Stalin al parecer dijo:

"Una única muerte es una tragedia; un millón de muertes es una estadística".

Margaret Tatcher minimizó el poder de la estadística frente al de la televisión:

"Vivimos en la era de la televisión. Una sola toma de una enfermera bonita ayudando a un viejo a salir de una sala dice más que todas las estadísticas sanitarias".

Si unimos el poder de la estadística al uso del nexo causal obtenemos titulares redactados de la siguiente manera:

Los accidentes de tráfico han disminuido desde la entrada en vigor del nuevo código de circulación.

Aunque sea demostrable que no existe ningún nexo entre ambos hechos, el cerebro los relaciona simplemente porque están juntos en la frase. De nuevo se simplifica y no se matiza. Pueden haber mejorado las carreteras, o hace mejor tiempo, o ha descendido el número de vehículos circulando... En la realidad son múltiples los factores que inciden en un suceso pero preferimos la tranquilidad que proporciona que haya una sola causa que explique globalmente un hecho.

La belleza ejerce un irresistible atractivo. El uso perverso de la belleza para vender ideas o productos se manifiesta en el cuidado con que usan la función poética algunos políticos y todos los publicistas. Un político que hable bien es capaz de reformar cualquier cosa (la educación, las obras públicas, hacienda...) con saliva, en vez de con partidas presupuestarias. La saliva es prácticamente gratis mientras que el dinero ha de salir de las arcas del Estado. Los anuncios atraen como las plantas carnívoras: bellas imágenes, música agradable, pulso narrativo, y cuando estás a tiro te devoran la tarjeta de crédito. La belleza subyuga, envuelve e incita a soñar. La belleza nos saca momentáneamente de nuestra vida rutinaria más o menos miserable. A través de ella nos trasladamos a un mundo imaginario de ensueño donde todo es como debe ser. Lamentablemente para buena parte de la población la publicidad y el deporte, especialmente el fútbol, constituyen las únicas vías de acceso a la belleza, una belleza discutible y pervertida, por supuesto.

El manipulador adula a sus víctimas y vende soluciones mágicas, que son las que la mayoría prefiere. Todos apoyamos las soluciones mágicas pues si no existieran resultaría que habría que trabajar con humildad, disciplina y paciencia para conseguir los objetivos, y a eso no está dispuesto casi nadie:

  • Cómase este yogur y tendrá un cuerpo Danone.
  • Ustedes, que son inteligentes, se habrán dado cuenta...

El manipulador magnifica los aspectos que le favorecen y minimiza los desfavorables:

  • Una aspiradora potente (pero es ruidosa; el cable siempre se enreda; no cabe en el armario...).
  • Un coche rápido (pero de alto consumo; los asientos son incómodos; el embrague se rompe a los 30.000 kilómetros...).
  • Los aciertos en mi mandato en la alcaldía (pero no las comisiones por recalificaciones de terrenos, ni los exámenes de oposición filtrados a familiares, ni las dietas de dudosa justificación...).

Desviar la atención es un truco de ilusionista muy eficaz a la hora de manipular. Se busca algo efímero que tenga poca incidencia en las vidas de las personas y se saca constantemente en los medios de comunicación de masas hasta que la población centra su atención en ello y lo comenta en la cola de la pescadería. En esta variante contemporánea del panem et circenses funciona muy bien la prensa rosa, la amarilla, el deporte como espectáculo (no como práctica, claro), las verbenas con la música a un volumen brutal no vaya a ser que a alguien le dé por pensar y desarrolle su sentido crítico, los toros, la telebasura, los videojuegos...

Hay que tener en cuenta que para un porcentaje muy alto de la población la única realidad es la que retransmiten los medios, y lo que no sale en los medios, no existe. Ha habido verdaderas masacres en África denunciadas por Amnistía Internacional que apenas han tenido repercusión en la televisión.

Antídoto contra la manipulación

El antídoto contra la manipulación es la cultura. El espíritu crítico siempre es incómodo para el poder y por eso la clase política tiene buen cuidado de fomentar la ignorancia, que algunos entendemos como un tipo de violencia. Así lo expresa Camilo José Cela en su artículo El hábito de lectura (ABC, 29 de marzo de 1993):

"Los gobiernos, con manifiesta abdicación de sus funciones, agradecen, aplauden y premian el que la masa se entontezca aplicadamente para así poder manejarla con mayor facilidad: por eso le merman y desvirtúan el lenguaje con el mal ejemplo de los discursos políticos; le fomentan el gusto por las inú-
tiles y engañadoras manifestaciones y ripios de los eslóganes; le aficionan a la música estridente, a los concursos millonarios y a las loterías; le canta las excelencias del Estado benéfico y providencial; le consienten el uso de la droga asegurándole el amparo de la caída, y le sirven una televisión que le borra cualquier capacidad de discernimiento. El hábito de lectura entre los ciudadanos no es cómodo para el gobernante porque, cuando razonan, se resisten a dejarse manejar".


Groucho Marx lo expresa de otra manera:

"Encuentro la televisión muy educativa. Cada vez que alguien la enciende, me retiro a otra habitación y leo un libro".

No conviene, en cualquier caso, perder la esperanza. Como alguien dijo alguna vez:

"Es posible engañar a algunos durante mucho tiempo, a todos durante un tiempo, pero no se puede engañar a todos todo el tiempo".

Exégesis Diario

Redacción de Exégesis Diario

Te puede interesar