El Periodismo en la era digital y de la vigilancia panóptica

ENSAYO 18 de abril de 2021 Por Germán Lev
control mental

Con el correr de las décadas y los avances tecnológicos imponiendo nuevas reglas de juego en las redacciones y estudios de los medios de comunicación, el oficio considerado el benefactor público de la verdad, lejos de reinventarse hasta alcanzar un nuevo cénit, ha degenerado hasta convertirse en una mercancía confeccionada en una monstruosa maquinaria de industria cultural. Por esta razón, es menester comunicar el estado agónico en el que pervive el periodismo en los tiempos que corren.

"El escándalo, en nuestros días, no consiste en atentar contra los valores morales, sino contra el principio de realidad".

Jean Baudrillard.

 

El periodismo de masas surgió con la consolidación de la revolución industrial a finales del siglo XIX y siempre fue un apéndice encubierto del poder político y empresarial de su coyuntura. En otras palabras, el periodismo hegemónico nunca fue, como mencionó el periodista y político Thomas Macaulay “el cuarto poder”, sino que desde sus inicios formó parte de una maquinaria muy bien aceitada de un pequeño sector privilegiado que intentó —y sigue intentando— por todos los medios a su disposición mantener vigente el status quo dominante.

Para comprender el mecanismo de este fenómeno, es necesario escarbar en la raíz del discurso que imponen los mass media dominantes. Un discurso que, aunque en constante cambio y transformación, cumple una función privilegiada —en conjunto con toda la industria cultural— dentro de la burbuja artificiosa que bordea la sociedad global unificada. Los discursos que vierten los medios de comunicación hegemónicos son los promotores sociales y principales catalizadores de la aquiescencia entre los ciudadanos con el medio circundante. Los medios son, en otras palabras, quienes producen e imprimen en el inconsciente colectivo el consenso y el pacto social sobre lo que representa la ficción de lo real.

Para el padre del socialismo científico, periodista, filósofo y satanista confeso, Karl Marx, la ideología —como no puede ser de otra manera—, tiene un sesgo negativo; esto debido a que considera que la ideología es en su instancia final consciencia enajenada. Una falsa consciencia que sirve como mecanismo de ocultación a la clase dominante para encubrir la desigualdad en la distribución del capital y la explotación sistemática del esclavo proletario. Es decir, para Marx, todas y cada una de las ideologías dominantes que circulan en el sistema cerrado donde se desarrolla la humanidad están fabricadas, definidas y divulgadas por el poder-religión de su tiempo a través de diferentes frentes infiltrados. Y me permito agregar que esto incluye a aquellas ideologías que incluso pareciesen surgir para atentar contra la propia supervivencia del status quo, como el socialismo científico (también llamado marxismo) que inauguraron Marx y Engels; y cuyas obras fueron financiadas por el primo tercero de Marx, Lionel de Rothschild, el hijo del banquero más importante de su tiempo, Nathan Mayer Rothschild

En este sentido, Marx menciona:

"La producción no sólo produce al hombre como una mercancía, la mercancía humana, el hombre en forma de mercancía; en conformidad con esta situación, lo produce como a un ser mental y físicamente deshumanizado —y agrega—: Su producto es la mercancía autoconsciente y autónoma".

A razón de esto, Karl Marx concluye que la ideología es un sistema que utiliza la clase dominante para promover de forma encubierta sus intereses particulares como intereses que atañen a todo el grupo social.

La mano que controla la historia

Marx y la mano que controla la historia. El Grado del Gran Arco Real (Grado 13 del Rito Escocés o el Grado Séptimo del Rito de York); durante este título los iniciados reciben las grandes verdades masónicas.

En el presente, muchos medios especializados en la mercancía de la información —sobre todo en Latinoamérica— se sustentan en gran medida gracias a la pauta publicitaria que reciben por parte del Estado o del financiamiento de grupos privados cuyos intereses están relacionados con el medio; y es de público conocimiento que existen medios o programas oficialistas cuyos periodistas orgullosamente enarbolan el blasón de la militancia del gobierno de turno o de sus antípodas. Sin advertir en su accionar del sesgo nocivo y deshumanizante de este terrible vocablo. 

La  etimología de la palabra militancia viene del latín militans, que significa el que se adiestra para el combate. Pero si nos acercamos más a la raíz del significado descubriremos que militanica surge de la palabra militar, del latín militarius, que refiere a miles y que se relaciona de manera directa con la palabra soldado; del latín soldius (moneda de oro romana) y el italiano soldato-soldare, que significa pagar un sueldo. Sin embargo, al deconstruir el término nos encontramos con su más profundo significado hermético; SOL-DADO (dar el sol, o lo que es lo mismo, sacrificar la propia vida a un propósito). En la jerarquía piramidal de la milicia un soldado no es más que un eslabón de entre idénticas réplicas que acata órdenes y que carece de voluntad, sentido y de actitud propia para obrar con libre albedrío.

Aunque no se puede aseverar en toda su dimensión, este tipo de terminologías que comienzan a imponerse en los medios de comunicación para después terminar imprimiéndose a fuego en la cultura popular —y que en la actualidad se puede apreciar en toda la dialéctica panfletaria feminista o en términos como postverdad o fake news—, suelen plantarse diligentemente por los agentes de la contrainformación que integran las filas de las agencias de inteligencia; instituciones amorales con agendas propias que, entre telones, son grandes generadoras de la ficción política y mediática que después replican los medios informativos. 

El autor francés, Lucién Cerise, explica que la ingeniería social —aplicada en gran medida por las agencias de inteligencia— “es el cambio planificado, sostenible y solapado del comportamiento. Se trata de modificar definitivamente la naturaleza de una cosa de manera irreversible, por lo tanto para el largo plazo y no sólo a corto plazo; esto es lo que distingue a la ingeniería social de la propaganda y de la manipulación, cuyos impactos son puntuales y reversibles”. 

Además, el ensayista francés explica una de las claves de la aparatología del poder para sortear revoluciones latentes:

“El método clásico para mantener el control de un grupo consiste en aumentar la visibilidad de sus diferencias internas, resaltar sus contradicciones, a fin de amplificar sus divisiones latentes y paralizar su organización”.

En este punto hay que señalar que las agencias de inteligencia no son solamente las institucionales dedicadas al espionaje y ligadas al Estado como la AFI en Argentina, sino que hay otras organizaciones de mayores escalas y recursos que operan en el país y que pasan por completo desapercibidas para el gran público; como el caso de la Francmasonería (hermandad esotérica a la que adhiere el presidente Alberto Fernández y la vicepresidenta Cristina Fernández Wilhelm); cuyos agentes de altos grados responden al Imperio Británico, más precisamente al duque de Kent (el Gran Maestre de la Masonería Inglesa), o la agencia de inteligencia más antigua de occidente, la Iglesia Católica, cuyos ubicuos tentáculos se vienen extendiendo desde el Imperio Romano (y éste desde Babilonia) a través del Vaticano. El confesionario —o la confidencia para purgar los pecados— fue uno de los primeros instrumentos de ingeniería social que utilizaron los sacerdotes para agenciarse información y esgrimirla en su larga escalada al poder omnipresente; algunas de estas pérfidas maniobras de los eclesiásticos para alcanzar un dominio total se pueden leer en la Monita Secreta de los Jesuitas, un manuscrito en latín encontrado entre los papeles del último bibliotecario de la Compañía en Paris, el padre Brother, antes de que se alzara la revolución francesa. 

monita secreta

Monita Secreta Jesuita

Desde que el sobrino de Sigmund Freud, Edward Bernays, retransformó la Propaganda en Relaciones Públicas a finales del siglo XX, la profesión ha ido in crescendo y ocupando las vacantes en puestos de privilegio que terminaron por operar —tras bambalinas— a la prensa. Los relacionistas públicos son esencialmente propagandistas, y se encargan de las comunicaciones públicas de las instituciones, empresas, organizaciones y gobiernos. El padre de las relaciones públicas, Edward Bernays, un judío alienado al sionismo internacional, publicista célebre y asesor personal de presidentes estadounidenses como Eisenhower, Roosevelt, Hoover o Coolidge, escribió en la biblia de las Relaciones Públicas, su libro Propaganda:

“En nuestra organización social actual, la aprobación del público resulta crucial para cualquier proyecto de gran calado. De ahí que un movimiento digno de todos los elogios pueda fracasar si no logra imprimir su imagen en la mente pública. La beneficencia, así como los negocios, la política o la literatura, han tenido que adoptar la propaganda, pues hay que disciplinar al público para que gaste su dinero”.

Para Bernays, las mentes de los ciudadanos son moldeadas, sus gustos definidos y las ideologías sugeridas por personas de las que el gran público jamás ha oído hablar. Y resalta que esta situación es el “resultado lógico de cómo se organiza nuestra sociedad democrática”. 

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Publicidad de Lucky Strike dirigida por Bernays. El sobrino de Freud fue el propagandista que consiguió que la otra mitad de la población (las mujeres) fumaran "la antorcha de la libertad".

En la Argentina de los 60’s serían las compañías multinacionales quienes desembarcarían con políticas y prácticas en comunicación institucionalizada, sin embargo, fue en los 90’s, con la llegada del corrupto gobierno menemista y del “libre mercado” —que blindó y ofreció todo tipos de ventajas al capital extranjero por sobre la industria nacional— que la Propaganda devenida en Relaciones Públicas cobraría impulso entre las instituciones y empresas más fuertes radicadas en el país. 

El exagerado crecimiento de las Relaciones Públicas en el país se puede apreciar en los ingresos que la oficina de prensa del Estado ha destinado a la pauta publicitaria. Según el libro La prensa de la prensa: Periodismo y Relaciones Públicas en la información de Adriana Amado, la oficina de prensa del gobierno argentino pasó en 2001 del 0,4% del presupuesto total de la Administración Nacional al 0,28% en 2010, para más adelante, entre los años 2012 y 2015, contar con un presupuesto diario dirigido a los medios de comunicación de más de un millón de dólares; lo que muestra la pretensión de la casta política en el poder por tener cierto margen de control sobre los medios en los asuntos que consideran relevantes para su gobierno. 

Por otra parte, es importante tener presente las recurrentes fuentes informativas que utilizan los medios de información especializados para luego poder lucubrar una serie de conclusiones. Las principales fuentes de información de un periódico provienen de la Oficina de Prensa, de las Agencias Informativas y de las Relaciones Públicas que manejan las comunicaciones de corporaciones, instituciones y organizaciones oficiales. Y en un segundo plano de periodistas, corresponsales, agencias de noticias y otros medios de comunicación. Por lo tanto, el grueso de noticias que se ven, se escuchan y se leen en los múltiples canales informativos, no surgen de investigaciones o fuentes propias del medio, sino que provienen de fuentes externas organizadas que tienen sus propias agendas y que están interesados en promover sus propios intereses.

Las informaciones y datos vertidos por los relacionistas públicos a través de las organizaciones y empresas que los contratan para promover una imagen positiva en el público o para contrarrestar los efectos negativos de malas políticas, son cables de primera línea que son esgrimidos de manera cotidiana por los mass media por su rápido acceso y fácil digestión social. El inconveniente con esta situación está en que esta información parte de una única fuente oficial y a menudo no es constatada o puesta en hesitación bajo la lupa por los medios que la publican. Por lo que, los periodistas, sobrecargados de un ritmo de trabajo cada vez más industrializado y alienado, terminan siendo utilizados como voceros de los relacionistas públicos, en un doblejuego en el que los publicistas —por contar con más recursos económicos y humanos, tiempo y estrategias definidas— llevan la ventaja.

Parte de la problemática en el visible desmejoramiento y mediocridad en el trato de la información de los mass medias radica en las mismas instituciones académicas especializadas en la comunicación, que incentivan un método de trabajo industrial de la noticia, donde el aspirante a periodista es alienado de inmediato a un régimen de trabajo “proactivo”, donde debe desempeñar todas las tareas en la producción de una información —no como un método de aprendizaje holístico sino como el futuro inmediato que deberá enfrentar en la industria informativa cuando concluya la carrera—. Un periodista graduado estará listo para desempeñarse en las redacciones clónicas de los medios de masas, "a punto" para desenvolverse histriónicamente frente a una cámara televisiva o hablar de corrido ante un micrófono; pero pocos profesionales conseguirán la impronta, la frescura y la autonomía de pensamiento crítico que sólo brinda la disciplina del conocimiento autodidacta. Algo que jamás dará una institución educativa debido al principio con el que fueron diseñadas: como un instrumento de ingeniería social para moldear el comportamiento de masas hacia arquetipos dóciles y poco críticos con el sistema social que les toca enfrentar.

En una entrevista con Jorge Halperín, uno de los miembros fundadores del diario El País de España -el periódico más importante de habla hispana- y exmiembro del Club Bilderberg, José Luis Cebrián, desestimó de manera categórica el presunto contrapoder que encarna la prensa en la cultura popular, y mencionó que “existen más personas dedicadas al manejo de la información de las noticias —y por lo tanto a la estructuración de la agenda pública— fuera de los medios de comunicación que dentro de ellos. Y esto es válido para el mundo político pero también para el mundo de las empresas, la industria y el mundo cultural. Hay más gente dedicada a presionar a los medios de comunicación para que digan lo que tengan que decir y callen lo que tengan que callar que gente en los medios”.

menem ferrari

Pan y Circo: el expresidente Menen junto a la Ferrari que le regaló el empresario italiano Massimo Del Lago en 1991.

Con la democratización de Internet, la llegada de los dispositivos móviles y la incursión de los social media al terreno social y geopolítico, un abanico de posibilidades se abrieron al juego periodístico en una primera instancia; sin embargo, al cabo de unos pocos años y con el aterrizaje de monstruos como Facebook, Twitter, Whats App o Youtube —y más adelante de Instagram y Tik Tok—, se terminó por fumigar un efecto catatónico en las masas a la vez que comenzó un desmalentamiento progresivo en las estructuras de los medios de comunicación; que terminaron por promover un ritmo de trabajo perpetuo en las redacciones y abaratando la profesión periodística. 

En este punto, debido al progreso digital en contraposición con la desvalorización del consumo de la información tradicional, muchos diarios debieron dejar de publicar sus periódicos en papel y tuvieron que reinventarse como medios puramente digitales. Como consecuencia de esta demolición de los medios de comunicación, muchos diarios dejaron de existir o tuvieron que recortar personal y abaratar costos. Desde la revolución digital, el ser humano tras el oficio periodístico —cuyo trabajo es tan importante debido a la doble plusvalía que produce, puesto que, por un lado elabora la información (que tiene un reintegro económico), mientras que por el otro, genera repercusión social que se transforma en ideología o se multiplica en discursos en la opinión pública— vio mermada su calidad de vida y tuvo que multiplicar esfuerzos para poder ganarse el pan.

El periodista argentino, Luis Bilbao, relata en su libro Periodismo y Militancia que “cuando una crisis muy severa ataca todos los ángulos de la vida social, es más y más difícil ser una persona digna. Pero se trata sólo de eso: mantener la dignidad, la integridad individual frente a la exigencia de sumisión, acriticismo, chabacanería y falsedad de las grandes empresas periodísticas”. Para Bilbao, que muchos de los medios dominantes estén repletos de ignorancia, mediocridad y que incontables veces para alcanzar el éxito profesional un periodista se tenga que rebajar a la superficialidad, incuria y falta de escrúpulos que las empresas noticiables imponen, suele ser una ley histórica en tiempos de crisis, donde se debe vender la fuerza de trabajo para pervivir holgadamente. Sin embargo, Luis Bilbao remarca que este hecho no es una ley que acataría un periodista consciente: 

“Vivir, sin embargo, requiere mucho más. Requiere violar ambas leyes: negarse a la sumisión, a la  complicidad de la ignorancia y buscar otros medios para decir la verdad sin cortapistas ni camuflajes, con el nivel conceptual y el estilo que ella demanda”.

El periodista y autor Peruano, Mario Vargas Llosa, escribió un ácido ensayo pintando la dantesca escena que nos ha traído en el nuevo siglo La civilización del espectáculo que impera en la actualidad. En su libro, el ganador del Nobel de Literatura 2010, menciona lo siguiente:

“El avance de la tecnología audiovisual y los medios de comunicación, que sirve para contrarrestar los sistemas de censura y control en las sociedades autoritarias, debería haber perfeccionado la democracia e incentivado la participación en la vida pública. Pero ha tenido más bien el efecto contrario, porque la función crítica del periodismo se ha visto en muchos casos distorsionada por la frivolidad y el hambre de diversión de la cultura imperante”.

Vargas Llosa insiste en su ensayo en que la cultura no está —o no debería— atada a la política, pero que esta ligadura es, sin embargo, “inevitable” en gobiernos dictatoriales; sobre todo en aquellos donde impera una doctrina ideológica o religiosa en la que el déspota de turno se siente acreditado a dictar normas y con la obligación de intervenir la vida cultural de la sociedad que gobierna. En estos casos —menciona el autor peruano— el resultado del control obsesivo deviene en la “progresiva conversión de la cultura en propaganda”.

Es una realidad que la propaganda ha irrumpido cada espacio público y privado de la sociedad globalizada, muchas veces con fines publicitarios relacionados con el mercado, pero en otras innumerables oportunidades para hostigar un comportamiento que el poder considera reprobable, para divulgar un marco ideológico o para infundir por múltiples flancos una doctrina conductual absolutamente invasiva con la disposición del libre albedrío y del derecho natural con el que todo ser humano viene a este plano.

A través de la manipulación propagandística se ha avanzado en una agenda eugenista y restrictiva con las libertades sociales y personales. Y se han logrado “méritos” tales como; la instauración solapada de lo políticamente correcto —es decir, de un pensamiento único—, el desmantelamiento progresivo de la educación y de la familia, la vigilancia panóptica mediante dispositivos electrónicos así como la instauración de un sistema de libertinaje rabioso cuyo aparente fin es automatizar las conductas individuales a través de productos culturales cada vez más degenerados, invertidos y lejos de cualquier costa artística.

 Ya lo advirtió Aldous Huxley en 1958

“La esencia de la coerción psicológica consiste en que aquellos que actúan bajo su efecto tienen la impresión de que están actuando por iniciativa propia. La víctima de la manipulación mental no sabe que es víctima. Las rejas de su prisión le son invisibles, y cree que es libre. El hecho de que no es libre, sólo es aparente para los demás. Su esclavitud es estrictamente objetiva”.

Por esta razón, sería preciso inquirir si la sociedad globalista no se encuentra ya en el umbral de la dictadura del placer que profetizó el alto iniciado y aristócrata británico en su obra Un Mundo Feliz. Un régimen absolutista solapado tras frentes democráticos investidos de benefactores de la humanidad, en el que los seres humanos “realmente pueden ser felices, de alguna manera, bajo un régimen” pero en “situaciones en las que no deberían serlas”.

 

Germán Lev

Editor, redactor y narrador. Más en www.germanlev.net

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