La policía del pensamiento te vigila

LA MADRIGUERA 02 de agosto de 2020 Por Germán Lev
Diseño sin título (32)

Cuando el brazo militar estadounidense dedicado a proyectos de investigación y defensa, el ARPA (Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada), diseñó el programa de investigación computacional en la década de los sesenta que se terminaría llamando ARPANET, ya se habían diseñado los borradores de los protocolos para que, en un largo plazo, esta herramienta se convirtiera en el sistema de vigilancia por antonomasia. En el presente, los borradores de aquellos proyectos se manifestaron en una policía del pensamiento implacable que vigila y controla cada paso que el usuario dé a través de la red.

Un punto relevante que tiene el sistema de red neuronal que concibe la internet tanto como la tecnología 5G que se quiere instalar en el mercado (G de Generación masónica; G de G.A.D.U), es que ambos comparten un origen común, fueron creados como herramienta militar y para propósitos militares. La primera por el Estado Profundo estadounidense y el segundo por el Estado de Israel. Creer que la función de internet es permitir una comunicación social libre es algo que nada más pueden pensar las masas lobotomizadas por los grandes multimedios de desinformación y la invertida culturización propagandística de masas –cultura de culto-a-Ra-. El internet, como arma militar sofisticada que representa, desde sus inicios tuvo como finalidad la vigilancia panóptica y el acondicionamiento mental de los usuarios. Herramientas y telarañas sociales como Facebook, Google, Youtube o aplicaciones como Instagram, fueron diseñadas por el aparato de defensa militar estadounidense en conjunto con las agencias de inteligencia –como DARPA, NSA, CIA o NASA- para maximizar el control social y minar información (Big Data) a través del espionaje. No existen detrás de estas herramientas mentes brillantes únicas que hayan erguido y maleado megacorporacones a partir del barro, menos aún si estas compañías están ligadas a brindar instrumentos de comunicación para que los ciudadanos compartan información libremente. Lo que la opinión pública observa son testaferros mediáticos que se exponen como cebo para encarnar el sueño americano a ojos del público -como el esclavo de control mental de tipo monarca Mark Zuckerberg, Jeff Bezos, el eugenista Bill Gates o Elon Musk (nombre de pila compuesto por El que en hebreo significa Dios y On, que representa a Osiris-, y un discurso hegemónico útil al status quo dominante. La noción de libertad hollywodense -como la concibe el esclavo moderno- sólo es real en su mente fragmentada y traumatizada.

Las primeras computadoras operacionales destinadas al uso doméstico y civil de éxito las fabricó IBM, luego de participar activamente en convenios con el Estado norteamericano y en proyectos tecnológicos destinados al área de defensa (por entonces llamado ARPA). La máscara responsable de IBM que precipitó este salto tecnológico fue un alto iniciado en conocimientos mistéricos y un declarado eugenista que quería -como Bill Gates- reducir abrúptamente la población mundial, Thomas J. Watson, quien incluso llegó a recibir una medalla al mérito de empresas extranjeras en 1937 por Adolf Hitler. El autor español, ISB Asad menciona sobre este hecho en su obra La Danza Final de Kali:

“La primera computadora la concibe un seguidor confeso de la eugenesia, Thomas J. Watson, para procesar datos de investigaciones de eugenesia que luego se utilizarían en los campos de exterminio nazi. Es así como surge IBM. La informática se desarrolla en las décadas siguientes, y al llegar a los años 80 y 90, se produce una verdadera revolución (de manos de Microsoft, empresa que está delante de Bill & Melinda Gates Foundation) que cambiaría todos los aspectos de la vida, tanto la pública como la privada. Si la primera computadora fue creada por y para la eugenesia, el lector se puede hacer una idea del desarrollo que esta “ciencia” tendrá con el posterior desarrollo informático: desde los códigos de barras utilizados en campos de concentración y cárceles, hasta los scanners biométricos, desde el proceso estadístico de los datos de la psicología conductivista y sociología, hasta las nuevas bases de datos confeccionadas en Internet, desde las armas inteligentes dirigidas vía satélite hasta la más novedosa nanorrobótica aplicable a la fisiología del individuo humano, desde armas climáticas de poder destructivo inimaginable hasta programas de control mental a través de ondas de alta frecuencia. Todo cambia para la enferma mentalidad eugenista con el desarrollo de la informática. Todo lo horrible se hace posible, incluso la posibilidad de una tiranía científica global tienta a esta mentalidad. Esta posibilidad será utilizada por la élite blanca que siempre apoyó y financió esta ciencia, y que supone ser la responsable del segundo factor: La culminación de la centralización del poder global”.

La Deep web y los demás niveles del internet profundo son infraestructuras piramidales creadas por la CIA y los mismos aparatos estatales con el fin de utilizarlos como telecomunicaciones con otros países o monopolios comerciales para contrabandear y traficar con todo tipo de mercancías; desde un nivel armamentístico, pasando por sustancias psicoactivas de entretenimiento, hasta la tan cotizada mercancía humana. Hay que comprender algo; el gobierno estadounidense es el contrabandista de drogas más importante del mundo con muchísima diferencia. Es producto de una supina estulticia pensar que los gobiernos diligentes al Estado Profundo del mundo quieren erradicar el narcotráfico, cuando es, a todas luces, uno de los negocios más rentables que existen, sólo por detrás del tráfico de armas y de personas; sobre todo de niños destinados a la esclavitud sexual y a ceremonias de ritualísticas paganas. De hecho, la problemática de la desaparición de niños es tan catastrófica, que la misma UNICEF tuvo que hacer pública esta comprometedora problemática. Las cifras de distintas ONGs que circulan por la red lanzan un número estimado –absolutamente recortado a ojos de este redactor- sobre estas desapariciones intempestivas, y es que aproximadamente ocho millones de niños desaparecen del mapa por año alrededor del mundo. La ONG Missing Children Europe incluso estimó que un niño desaparece en Europa cada dos minutos; 250.000 al año. En Estados Unidos la cifra de niños desaparecidos alcanza los 800.000 mil por año. La mayoría de estas desapariciones son, como cabría esperar, de niños de pocos recursos y provenientes de países marginados por la economía geopolítica mundial. Con seguridad, desde aquí denunciamos, que un alto porcentaje de estas desapariciones están relacionados con la epidemia de abuso ritual y el asesinato ceremonial que practican las élites que gobiernan este sistema psicopatocrático.

Hecho este paréntesis, hay que dejar claro una cosa; si los gobiernos de turno insisten en la lucha contra el narcotráfico desde un punto de partida prohibitivo, es justamente porque este discurso es sumamente útil para el establishment, tanto para destinar fondos contra su lucha –fondos que jamás son consignados para ello- así como para causar el efecto psicológico contrario en la sociedad, esto es, que la proliferación de sustancias psicoactivas llegue a más usuarios y destruya la mayor cantidad de mentes jóvenes posibles. Porque si hay algo no quieren los altos iniciados –y con esto nos referimos abiertamente a los altos adeptos luciferinos-satanistas- es que los individuos se liberen de sus propias cadenas y tomen las riendas de su destino. Hasta que no se comprenda esto no se habrá comprendido nada. El sistema, así como el lenguaje y todo lo regentivo al patrimonio social del hombre moderno, es un colosal constructo de ingeniería social diseñado por los altos iniciados para subyugar mental, física y espiritualmente a los seres humanos que integran las sociedades profanas. Las palancas del sistema están en las garras de estos altos adeptos satanistas que fueron programados generacionalmente mediante trauma; mezclándose de manera incentuosa intrafamiliarmente para seguir regentando el poder en sus pequeñas cúpulas. Un poder que bajo su retorcida óptica es heredado por derecho divino. Es decir, para que quede claro, estos individuos no son personas ordinarias, han atravesado un proceso de transformación mística y su lealtad está comprometida a Lucifer; son múltiples, disociados, forzosamente androginizados desde la niñez y versados en conocimientos mistéricos que, en muchos casos, se pueden rastrear hasta Egipto, Babilonia o Sumeria. Por lo tanto, a sus ojos, el valor de una vida humana que no pertenezca a su panteón de linaje, no tiene ningún valor. Estas personas no sienten ningún tipo de empatía hacia el representativo ganado humano que componen sus granjas. Es por ello que harán lo que consideren necesario para seguir ostentando un control omnipresente, ya sea exterminando poblaciones enteras mediante guerras sanguinarias o esparciendo un virus letal diseñado en laboratorio que elimine el porcentaje improductivo de la población mundial, como consideran que son los ancianos o las personas con ciertas patologías. Las medidas eugenésicas, por más retorcido que al lector le parezca lo que está leyendo, son altamente productivas para ayudar a colocar en el tablero la siguiente pieza que articulará el futuro del juego geopolítico; como son las medidas que alientan la aparición deliberada del movimiento transhumanista. Un movimiento que ya comenzó a inocularse con la aparición del virus SARS-COV-2 y la tecnología 5G, pero que terminará por eclosionar en el 2030.

Como es lógico, esta pincelada de realidad es demasiado brutal de aceptar para el esclavo moderno; la sola idea de esta concepción ontológica sobre cómo funciona la estructura colectiva que forja a las sociedades desde dentro, es más que suficiente para seguir reproduciendo el trauma en su mente, de por sí programada y adoctrinada desde la más tierna niñez. Es por esta razón que cuando se presenta este tipo de información, el esclavo moderno, con urgencia optará por negar esta realidad en vez de combatir para modificarla. Pero, lo cierto, incluso para los negacionistas seriales, es que la policía del pensamiento nunca fue más evidente y la información tácita jamás estuvo más expuesta a ojos de todo el mundo profano. Por lo tanto, la experiencia de escoger tomar la píldora roja o azul le atañe únicamente a cada ser humano.

El Gobierno te vigila a través de Pegasus

Programas como Pegasus, diseñado por los adoradores de Saturno-Yahvé, Isaerl (del panteón de dioses egipcios Isis-Ra-El), fueron cedidos a gobiernos latinoamericanos como México o Argentina para que los representantes del Estados espíen con diligencia a sus ciudadanos. El software funciona de la siguiente manera: es introducido en los dispositivos como un típico virus troyano; a través de un mensaje o llamada perdida, que una vez receptado por el dispositivo le brinda al programa un control total sobre éste, tales como; que sea capaz de tener acceso a todas las aplicaciones del usuario, correos electrónicos, fotos, videos o mensajería. Incluso esta tecnología puede activar la cámara del dispositivo de forma remota o de encender el micrófono y grabar conversaciones sin que la víctima se percate de ello.

El sistema Pegasus cumple todos los requisitos para ser un sistema orweliano en toda regla, y cualquier Estado que disponga de él para la vigilancia colectiva, es un gobierno de facto. Las agencias de inteligencia como AFI en Argentina o la CNI en México son absolutamente responsables de este régimen de espionaje y persecución, y sus prestidigitadores, así como las figuras políticas más representativas de cada país, deben ser juzgadas. Este atentado contra la privacidad de los ciudadanos es algo inadmisible en un gobierno democrático y no se debe tolerar. Del otro lado del Atlántico, en España, hubo repercusiones mediáticas contra este software diseñado por la empresa sionista israelí NSO Group, puesto que algunos medios denunciaron el espionaje y la persecución a funcionarios y periodistas como Roger Torrent o Ernest Margall. Pegasus es un software que el gobierno de Israel vende a los gobiernos con el fin -supuesto- de combatir el narcotráfico y la crimiinaldiad, pero los gobiernos corruptos y amorales de turno lo utilizan para la vigilancia y seguimiento contra sus propios ciudadanos. Y, sin embargo, todo esto, sigue siendo un mero retazo desdibujado de la cruda realidad de las sociedades humanas en este presente distópico.

Germán Lev

Editor, redactor y narrador.

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